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Familia
Los hijos de familias ensambladas
Los niños y niñas que viven con el marido de la madre (que es quien se ocupa diariamente de ellos, con frecuencia paga sus gastos y asume las alegrías y dolores de cabeza que cualquier niño o niña genera), ¿a quién deben obedecer?


En Página 12, 21 de mayo 2008

Por Eva Giberti

Los niños y niñas que viven con el marido de la madre (que es quien se ocupa diariamente de ellos, con frecuencia paga sus gastos y asume las alegrías y dolores de cabeza que cualquier niño o niña genera), ¿a quién deben obedecer? ¿A ese señor -que no es su papá biológico- o al padre que cuenta con la patria potestad, que le aportó el apellido y vive en otra casa, a menudo con una nueva señora? El modelo complementario, representado por los niños que viven con el padre de origen y con una nueva esposa, aporta sus propias alternativas.

Situaciones familiares complejas, por momentos equívocas y siempre desordenantes para las nuevas organizaciones familiares, las que se denominan "familias ensambladas", aquellas que el decir popular había descripto como "los míos, los tuyos, los nuestros". Familias formadas por matrimonios de gente divorciada o viuda que se ha vuelto a casar y en las cuales los hijos del padre o de la madre, producto de un primer matrimonio, conviven con la nueva pareja.

Una decisión certera

La decisión certera del senador Filmus acaba de aportar un proyecto de ley "Normas Protectoras de los Hijos en las Familias Ensambladas". De este modo subraya que estos niños y niñas precisan otra índole de protección respecto de las pautas del Código Civil. Posiciona a la legislación en el reconocimiento de un tema actual que excede las pautas de la obediencia doméstica.

La existencia de normas jurídicas depende de la voluntad y decisión de los legisladores, por eso interesa revisar cuáles son los temas acerca de los que se legisla y cuáles constituyen puntos ciegos que mantienen en la oscuridad aquello que no obstante es notoriamente visible. La situación de los hijos y las hijas de familias ensambladas, además de las nuevas criaturas que esa pareja puede engendrar o adoptar, forma parte de los silencios y omisiones que se mantienen vigentes en nuestro país.

No se trata de la defensa de derechos individuales de niños, niñas y adultos desde la perspectiva del liberalismo irrestricto, sino de adscribir al Estado el reconocimiento de las diferencias en la construcción de las organizaciones familiares.

Hasta el momento, la reticencia para legislar al respecto mantuvo en incertidumbres morales e inquietudes cotidianas a un sector significativo de la población, priorizado por la presencia de niños y de niñas que crecían y se desarrollaban a la sombra de filiaciones que, siendo legales, tropezaban con los apremios de la cotidianidad; por ejemplo, cuando los chicos dicen: "Vivo con el marido de mi mamá, que no es mi papá pero me paga todo", lo cual constituye una novedad respecto de la figura paterna como el proveedor de la familia; en esta circunstancia se trata de continuar "pasando alimentos" a los hijos que conviven con otro hombre que cumple diariamente funciones parentales ajenas a los vínculos de sangre. Los niños y las niñas aprenden a diferenciar entre ellos y a amar -o no- de manera diferente a ambos, a los progenitores y a "los afines".

Se mantiene en jaque la juridicidad de las decisiones respecto de los hijos, cuando quien convive con ellos se encuentra limitado en sus posibles atribuciones proteccionales porque un padre o madre de origen distante de toda experiencia doméstica impone sus decisiones sobre la criatura en ejercicio de una patria potestad que la ley consagra (potestad que debe ser revisada enriqueciendo la opinión de los jurisconsultos).

O bien porque, a los 14 años: "Mi viejo y mi vieja se volvieron a casar cada uno por su lado y me tienen a mí como pelota. Quieren que vaya de vacaciones con uno o con otro cuando a ellos les conviene según las necesidades de sus nuevas familias; pero yo vivo con una de esas familias y tengo fechas para los exámenes. Entonces quiero que el juez me escuche a mí, porque siempre habla con ellos".

El proyecto de ley reitera, en varios de sus párrafos, la estricta necesidad de escuchar a estos chicos, tarea ineludible por parte de los jueces. Cuando ese proyecto los menciona deja claro que no se trata de "secretarios de juzgado" o "asistentes sociales" (meritorios profesionales), sino de la incanjeable escucha de los jueces.


La familia ensamblada (o los miembros afines)

Esta caracterización remite habitualmente al modelo musical, ya que los ensambles son composiciones escritas para un grupo de solistas cuya ejecución se caracteriza por la coherencia de las intervenciones que cada ejecutante pone en juego. A pesar de sus diferencias instrumentales, la equivalencia con el funcionamiento familiar que se espera es evidente.

La etimología de esta palabra es de origen francés y de raíz indoeuropea (sem, que quiere decir uno) sirvió para explicar la identidad y la unidad, sentidos que conservó en griego, luego reemplazada en latín por unus en sentido de único. Refinando la lectura resulta que en griego, al incluir inicialmente una h (hemii), se aplica "a las cosas que no tienen solamente un costado" y deriva en el sentido de "mitad". La idea de unidad en el origen de ensamble y la posibilidad de mirar "las cosas" desde distintas perspectivas no me parece ajena a las familias ensambladas cuyos hijos esperan ser mirados por la ley desde otro lado.

Una lectura más abarcativa de lo que se entiende por ensamble la encontramos en el marco del Programa Minimalista de la Gramática generativa chomskyana. El término ensamble constituye una operación sintáctica mínima mediante la cual se construyen las relaciones jerárquicas que subyacen a la estructura de una oración.

Si nos apropiamos de esta significación encontraremos que las jerarquías en estas nuevas familias resultan de la convivencia de niños y niñas acompañando al sujeto de amor del padre o de la madre biológicos que, después de haberse amado y haberlos engendrado, eligieron interrumpir el circuito infernal en que se convirtió una pareja desunida y psicológicamente dañada, para confiar en la restitución de un vínculo capaz de sostener a los hijos propios y a los que podrían provenir de otro hombre o de otra mujer. Son parejas que se asientan sobre el coraje de una ruptura y la conciencia del derecho propio y el de los hijos para vivir en paz.

En ellas se han reformulado las jerarquías subyacentes, propias de la familia inicial, y los chicos aprenden a construir nuevas relaciones jerárquicas que incluyen a esos nuevos sujetos con los que amanecen cada día y a los que deben aprender a nombrar: ya que ocupando en el hogar el lugar físico del padre o la madre, son otros. Tienen que aprender a escribir esta nueva oración siendo ellos, los niños y las niñas, concretos "conjuntos" de rasgos diferentes que esperan ensamblarse en el conjunto que la nueva familia les propone.

Hasta ahora la legislación los había abandonado a la experiencia cotidiana y la judicialización de los conflictos que en oportunidades surgen cuando es preciso tomar decisiones claves, por ejemplo si la madre biológica con quien convive el niño se encuentre enferma o imposibilitada por algún motivo el proyecto de ley contempla, al incluir la alternativa "cuando las circunstancias lo exijan", para la pareja afín de la posibilidad de firmar un boletín escolar. El proyecto posiciona a la legislación en el reconocimiento de un tema actual que asume distintas situaciones capaces de legitimar la actuación de la pareja afín.

Los lazos creados con otros hermanos, provenientes de la nueva pareja, constituyen un punto significativo de este proyecto, ya que esta clase de vínculos demanda ser promovida y respetada.

La decisión de avanzar en la sanción de estas normas no beneficia tan solo a estas familias: servirá como docencia para entender que no existe un solo modelo de familia, y que los códigos deben ser corregidos y ampliados.



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Las drogas ¿se despenalizan?
Por Eva Giberti. Publicado en Pagina 12, el 18 de marzo de 2008.
Durante los primeros tres días arreciaron los llamados telefónicos para buscar información acerca de "la despenalización de la droga".
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Derechos reproductivos en la adolescencia
Publicado en Pagina 12, el 23 de mayo de 2005
Las chicas que tienen 12 o 13 años ¿Podrían concurrir a una consulta médica, solicitando anticonceptivos sin estar acompañadas por sus padres?
Preguntémosle a ellas: algunas dirán¡SI! Otras No Se. Otras: Yo no me atrevería
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Educacion sexual
Editado en Pagina 12, 16 diciembre 2004
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Padres e hijos, nuevos socios
Editado en Clarin, el 2 de julio 2002
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Chicos y adultos: el mismo caos
Editado en Clarin, el 22 de febrero 2002
Se pide que la familia contenga hoy a los menores, sin advertir que unos y otros deben entrenarse por igual en la tolerancia de las contradicciones de la crisis actual.
Por Eva Giberti


Al comenzar las clases, los nenes y las nenas ya instalados en las aulas comenzarán a abrir sus mochilas. Es posible que, junto con los lápices, empiecen a sacar las cucharas y las minicacerolas que han aprendido a asociar con los derechos ciudadanos. "¡Una nueva forma de la violencia escolar!" sería el mensaje simplista. En cambio, constituyen ese universo al cual denominamos niñez, capaz de producir radiografías de la época.

En diciembre del 2001 mi nieto, con tres años recién cumplidos, me recibió en su casa con el cucharón en ristre y la cacerolita donde se prepara su amado puré, ambos enlazados en un discurso inédito: "Yo golpeaba desde la ventana porque en la calle los cohetes no me gustan". Inmediatamente me interrogó:"¿Vos golpeaste la cacerola en tu casa?"

Quizá se lo pueda preguntar también a su maestra jardinera y ella, así como todas las docentes, tendrá que referirse a los cacerolazos como indicadores del pulso nacional. Les alcanzará con mencionar el destino del incentivo docente para introducir el modelo justicia-injusticia que los chicos sintonizan sin titubear.

Los alumnos que inauguren el nuevo ciclo no serán los escolares previstos por los programas. Ni los docentes serán los que hubieran podido ser. Ahora, maestros y alumnos están unidos por las experiencias que las cacerolas y los piquetes insertaron en todo el país; están juntos en la recesión y en el sobresalto y comparten las protestas según sus estilos de participación.

Cuando los adultos describen los hechos que vienen sucediéndose, reiteran la condición pacífica de las convocatorias. La garantía de esa decisión estaba dada por la presencia de los hijos, puesto que no los arriesgarían a violencia alguna. (No imaginaron la represión criminal.) Al mismo tiempo algunos consultaron por la alteración del estado de ánimo de sus chicos y solicitaron orientación.

Sabemos que la familia juega un papel continente, por lo tanto podría recomendarse mantener la serenidad, intentando regular el desasosiego parental.

Tales formas de contención, que demostraron ser técnicamente válidas en otras situaciones, reclaman una revisión parental. ¿Se acuerdan de aquellos chicos que vimos por TV cabalgando en los hombros del papá y caceroleando al lado de su mamá, mientras el abuelo vociferaba: "¡Queremos que los políticos se vayan!"?

Una continencia que suponga que los chicos nos creerán si negamos el dolor que impregna al país deja de ser continencia para transformarse en hipocresía. Se trata de asumir los sentimientos que no pueden transformarse en palabras neutrales porque en las autoconvocatorias los adultos gritan, lloran y amenazan mientras tropiezan sobre un tembladeral.

¿Cómo solicitar que en el sufrimiento y la confusión se resguarde el equilibrio emocional que los chicos precisan? Además del daño que diariamente constatamos, también se lesionó la contención históricamente eficaz; hoy es necesario adecuar aquella responsabilidad continente a los hechos actuales.

Identificarnos como parte del caos desde el cual se anuncia o se desea modificar nuestra manera de ser ciudadano -lo cual obliga a reconocernos como habiendo sido complacientes con las prácticas políticas y económicas pervertidas y pervertidoras- es parte de la continencia familiar. Se llama autocrítica.

Llevamos décadas de atraso en la concepción filosófica de lo que se entiende por familia y por niñez y debido a ello se insiste en repetir los paradigmas conocidos. Pero los chicos actuales son hijos de las contradicciones y de las paradojas con que la historia impregnó sus vidas. Por ejemplo, cuando se pretende hacerles creer que acometer a puntapiés las puertas de un banco es un ejercicio pacífico en nombre del derecho.

Tampoco ha sido fácil para nosotros aprender el ,b>valor de las transgresiones legitimadas por la lucha contra el abuso de poder y la injusticia, cuando no forman parte de las normas legales. Chicos y adultos tripulamos el mismo bote con rumbo desconocido. Aunque los adultos empuñen el timón de la impotencia.


Legalidades transgresivas

Cuando en 1992, maestras y maestros decretaron su huelga y salieron a la calle llevando de la mano a los alumnos, éstos escucharon cómo los docentes usaban palabras de esas que "no se dicen" para referirse al ministro de Educación. Al día siguiente, esos mismos niños ante la advertencia de esa maestra -"¡Fulanito, pórtese bien!"- tenía dos opciones: o bien obedecía callándose lo que pensaba ("Usted a mí no me puede decir que me porte bien porque yo la vi portándose mal") o desobedecía desertando de toda disciplina.

Nació otra alternativa: tolerar la contradicción que la situación imponía. Por una parte, entender la legalidad del derecho de huelga y, por otra, comprender que llevar a los alumnos a la calle y promover determinadas consignas constituía una transgresión, si bien podía considerarse legítima como hecho político. Se trataba de la legalidad transgresiva. Los alumnos debían diferenciar : "Ayer, en la calle yo podía gritar contra el ministro, junto con mi señorita. Pero mañana en clase, voy a tener que obedecerla". Este razonamiento incluye, mediante el aprendizaje de las legalidades transgresivas, un entrenamiento para tolerar contradicciones y paradojas sin descompaginar el psiquismo.

La legalidad transgresiva se caracteriza porque en determinadas situaciones sobrepasa las normas establecidas que garantizan la estabilidad y la permanencia de "las cosas como siempre fueron". Por ejemplo, las maestras respondiendo a un modelo de disciplina para con sus superiores y los chicos obedeciándolas a ellas. Esa era la lógica. La misma lógica que afirmaba que para cambiar a un presidente lo legal era recurrir al voto. Además aprendieron el valor que tenía guardar el dinero en un lugar seguro llamado banco para poder retirarlo cuando llegasen las vacaciones. Al constatar lo relativo de estos principios tuvieron que habilitar en su psiquismo las nuevas lógicas de las paradojas que en este modelo nacional están asociadas con la necesidad de defenderse de las injusticias.

También los chicos pueden quedar inmersos en contradicciones cuando ayudan a dibujar un cartel doméstico donde dice "¡Que se vayan todos los políticos!" sin comprender todavía que el papá y la mamá que cantan el Himno y reclaman democracia les están inculcando un mensaje intelectualmente torpe y autoritario. La paradoja radica en mostrarle al hijo un modelo de participación ciudadana y utilizarla para llamar a degüello liquidando a "todos", renegando de la capacidad de discernir. El discernimiento permite diferenciar las legalidades transgresivas de los abusos de poder. No es lo mismo transgredir coyunturalmente la normas defendiendo aquello que es un derecho legítimo que legalizar un cúmulo de atropellos.

Será necesario explicar a los chicos el valor genuino del cacerolazo como una producción original, cuyos participantes no necesariamente coinciden acerca de las razones de la protesta. Enseñarles que organizar asambleas barriales no es lo mismo que hacer la revolución del 25 de Mayo. Tampoco es lo mismo golpear cacerolas que vaciarlas de aceite hirviendo sobre los ingleses que invadieron Buenos Aires. O sea, reconocer las diferencias.

Cuando me iba de su casa le pregunté a mi nieto: "¿Por qué no te gustan los cohetes?" Se quedó pensando. "Porque los tiran los otros. La cacerola la toco yo".

Nosotros sabemos quiénes son nuestros respectivos otros. Los recursos para excluir a "los que no nos gustan" demandan discernimiento, compromiso con lo que sucede a nuestro alrededor, responsabilidad para denunciar, el repudio de la propia complacencia, el registro de lo que no podemos y lo que sabemos que podemos desear. Esta enunciación está en las calles. Entonces, ¿podremos confiar en la prioridad y en la persistencia de las consignas lúcidas que sostiene esta nueva legalidad transgresiva que salió al rescate de la decencia y de la reconstrucción de los derechos?

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Los ciudadanos de las cacerolas
Editado en el diario Clarin, jueves  4 enero  2002
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Los antecedentes incestuosos del abuelo
Editado en Página/12 - Suplemento LAS/12 - viernes 10/08/01


Muchas mujeres que han sido víctimas de incesto por parte de sus padres y que han callado ese abuso durante toda su vida adulta, recién se sienten compelidas a confesarlo -o denunciarlo- cuando sus propias hijas se acercan a la pubertad y entablan un vínculo nuevo con ese abuelo que alguna vez fue un padre violador.
Por Eva Giberti


A veces necesitan años de tratamiento antes de poder contar qué les sucedió. Si bien la consulta pudo haber sido originada por diversos síntomas (insomnios reiterados, o desavenencias conyugales o hartazgo de la vida que llevan), en determinado momento estalla la historia que tiñó la niñez de estas mujeres: la violación incestuosa que su padre ejerció durante varios años.

El intento de olvidarlo, de reponerse como si aquello no hubiese sucedido, el escamoteo del odio y del asco hacia ese padre ocuparon la sensibilidad, la inteligencia y el mundo emocional de esas mujeres que no pudieron rebelarse cuando el varón que debía protegerlas y acompañarlas en su desarrollo utilizaba sus cuerpos infantiles para producirse placer.

Siendo niñas temieron confiarse a sus madres porque supusieron, así lo cuentan algunas de ellas, que no sólo no les creerían, sino que probablemente las castigarían "por inventar porquerías". La experiencia clínica nos evidencia que, en algunas oportunidades, es así como sucede.

¿Por qué estas mujeres adultas, que transcurren sus cuarenta y sus cincuenta años recién ahora pueden describir qué les ocurrió? Porque, con frecuencia, sus hijas, ahora púberes o adolescentes, entablan un vínculo nuevo con ese abuelo que fue un padre incestuoso. Un vínculo de joven mujer, ya no necesariamente como niña, sino como una criatura que conversa con ese abuelo que opina acerca de sus conductas. Y les pregunta acerca de sus novios y de sus amigos. Y con ufana tranquilidad les recomienda que tengan comportamientos sensatos.

¿Cómo explicar la desconfianza hacia el abuelo?

Las madres que fueron incestuadas por ese sujeto, y que jamás lo "confesaron" a sus maridos, ahora titubean sin poder explicarles la violencia y la ira con que suelen contestarles a esos abuelos cuyos antecedentes como violador ellas padecieron.

Los hechos que durante años intentaron sepultar reverdecen en las memorias actualmente ilustradas por los temas que, vinculados con los abusos sexuales contra las niñas, se instalan en los medios de comunicación. Si bien esa información mantiene el error de pretender que abuso sexual agravado por vínculo es equivalente a incesto, según la descripción legal, alcanza para que algunas mujeres, antes niñas violadas por sus padres, reaccionen con la furia que no pudieron expresar cuando eran victimizadas.

Es esa furia, asociada con un "no saber qué hacer ahora", la que se expresa en los tratamientos, y permite comprender cómo funcionaron, durante años, los efectos de esa terrible experiencia en la vida de estas mujeres. Ellas transcurrieron sus años juveniles entrampadas en las convenciones sociales que las obligaron a convivir con el violador, recordando la satisfacción que la práctica incestuosa le producía a ese varón al que debían seguir reconociendo y nombrando "padre".

La aparición verbal de los recuerdos, recurriendo a la contención del psicoanálisis, les permite, por una parte, recuperar la representación de las situaciones, de los días y de las noches durante los cuales ese sujeto se aparecía en su habitación en ausencia de la madre, o bien cuando debían transcurrir sus vacaciones al lado de ese hombre que reclamaba su derecho a la patria potestad por estar divorciado de la madre.

Por otra parte se abre el espacio para preguntarse: ¿qué hacer ahora? Una de ellas me dijo: "Yo quisiera matarlo" y otras dudan acerca de los efectos que podrían resultar de la actual confesión.

En cambio todas coinciden al evaluar la relación de ese sujeto con la hija de ellas, niña o púber: se resisten a autorizar cualquier clase de relación cercana con ese abuelo. Lo cual suele aparecer como inexplicable en el grupo familiar.

Si bien es posible dedicarle largo tiempo al análisis de los hechos, a los recuerdos, a las fantasías cuando se trata de mujeres en tratamiento psicoanalítico, han comenzado a aparecer consultas por parte de mujeres que no solicitan tratamiento sino alguna índole de recomendación acerca del mejor modo de proceder respecto de sus hijas, en relación con ese abuelo.

Es decir, es posible suponer que no pueden, no quieren reabrir la memoria candente de lo que padecieron, pero sí decidieron utilizar la sombra de aquellos recuerdos para actuar preventivamente respecto de sus hijas. Pero este abuelo no necesariamente mantiene un entusiasmo paidófilo, no necesariamente intentará manosear a su nieta y sólo en algún caso encontré la sospecha concreta acerca de ese procedimiento contra la nieta/niña. Estas mujeres, que fueron niñas violadas por sus padres y que actualmente son madres, buscan el alivio que significa hablar acerca de esa porción de sus vidas, de los efectos que padecieron, y al mismo tiempo intentan posicionarse frente a ese padre reconociéndolo como un violador sistemático, es decir, como un delincuente.

El esclarecimiento sociopolítico del que ahora disponen numerosas mujeres, y con el cual no contaban décadas atrás, les permite comprender que transcurrieron su niñez formando parte de la categoría de las víctimas; ya no se trata de acusar al sujeto posicionándolo sólo como incestuoso, sino que dicho delito también viola los derechos de las niñas, además de violar sus cuerpos y además de interferir de manera patológica en la construcción de la subjetividad de la víctima.

Las madres de estas madres

Capítulo aparte es el que en estas consultas se dedica a las que ahora son abuelas y fueron la pareja de aquel padre incestuoso: las madres de estas mujeres que ahora consultan. ¿Qué les ocurrió? ¿No se dieron cuenta? ¿Sabían lo que pasaba pero prefirieron tolerarlo? ¿Ellas mismas fueron víctimas de padres incestuosos e interpretaron como fatalidad esa clase de relación? Mi experiencia en el tema me enseñó que, en las clases populares, cuando el incesto es descubierto o reconocido por la madre puede silenciarse porque se sabe que la cárcel para el violador significará el hambre para el resto de la familia. Nuestra legislación al respecto produce una paradoja carente de ingenuidad: "Dejemos en libertad al incestuoso para que pueda seguir manteniendo a la familia. En todo caso internemos a la niña en un instituto porque corre peligro moral": un disparate comprensible mediante el análisis de los efectos de las ideologías patriarcales en la redacción de las leyes y de las políticas sociales. Un trastocamiento ético que mantiene su eficacia merced a la colonización intelectual de legisladores y profesionales intervinientes en estas historias. Pero cuando las consultas provienen de otros grupos sociales la evaluación de los comportamientos de aquellas madres, ahora abuelas, reclama otros refinamientos técnicos, que forman parte de los interrogantes que se plantean las mujeres que actualmente consultan: "Mi madre no se daba cuenta" o bien "Si se lo hubiera contado ella no lo podría creer". Cuarenta años atrás aquellas mujeres ¿hubieran aceptado como posible que su marido fuese capaz de algo semejante? El desarrollo de esta problemática es extenso y no admite simplificaciones. En cambio nos advierte acerca de los nuevos registros de las mujeres acerca de sus derechos, de los derechos de sus hijas y del valor que adquirió la palabra de la mujer cuando denuncia, cuando narra, cuando cuestiona, cuando habla, cuando se defiende, cuando promueve el juicio crítico y el respeto por su historia de vida. Porque lo personal es político.

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Incesto contra la hija niña
Editado en Pagina 12. 14 de noviembre 2000


En el marco del Día Internacional de la No Violencia contra la Mujer, que se celebrará este sábado, un texto sobre "un antecedente de la violencia contra las mujeres: el incesto paternofilial contra la hija/niña, practicado en todas las clases sociales".
Por Eva Giberti


En 1977, convocada en París por l'Ecole des Annales, se inauguraron las jornadas destinadas a debatir la "Clínica en evolución y la Sociedad en cambio". André Burgière, que representaba un movimiento históricoantropológico preocupado por convocar los aportes de psicoanalistas, psicólogos e historiadores acerca de la realidad del incesto dictó una conferencia: "El incesto ¿tiene una historia?".

Los datos capaces de iluminar el tema figuran en antiguos libros de medicina o de derecho penal, en las narraciones de las niñas, adolescentes o adultas, en los ensayos psicoanalíticos, en las informaciones periodísticas, entre otros.

Si rastreásemos las opiniones de los profesionales europeos de la década 1880-1890, podríamos leer: "Se habla muchas veces de la franqueza de los niños. Nada hay más falso. (...) La niña se consuela contándose fantasías que ella sabe que son falsas. (...) Se convierte en un personaje". Así lo escribió Paul Brouardel -decano de la Facultad de Medicina de París y experto en medicina legal- en su texto "Las causas de error en los dictámenes de expertos sobre los atentados contra el pudor". Previamente había afirmado: "Las niñas acusan a sus padres de ataques imaginarios contra ellas (...) a fin de obtener libertad para entregarse al libertinaje." En paralelo, Alfred Fournier sostenía que tales acusaciones eran fantasías.

Años después, A. Moll (autor del libro Libido sexualis, 1895), en su obra La vida sexual del niño (1909) advertía acerca del riesgo de aceptar las acusaciones de las niñas que se decían víctimas de abuso sexual: "Uno de los escándalos más graves de nuestro presente sistema penal es que los jueces crean tan frecuentemente tales cargos." Y Bloch, citando al pediatra Baginsky (1906): "Las declaraciones de los niños ante la ley son categóricamente nulas y vacuas, absolutamente inválidas e insignificantes".

Bloch reconoce la existencia de esos delitos, provocados por la seducción de la niña, y aclara que los autores del delito eran los sirvientes. No obstante, Ambroise Tardieu, "el representante más prominente de la medicina forense francesa", había descripto la realidad que encontró en la morgue parisina: los cuerpos violados de niñas y niños, victimizados por sus padres y maestros. En una de sus obras escribió: "Los padres abusan de sus hijos (...) Los lazos de sangre en lugar de constituir una barrera para esas tendencias imperdonables, con harta frecuencia sólo sirven para favorecerla", según lo describió en una de sus obras. Y se lamenta por el silencio que la medicina se impuso guardar.

En la misma época, 1886, Paul Bernard -presentando estadísticas-aclaró: "Nos sorprendió el gran número de casos de incesto que figuran en ellas". Reprodujo así una afirmación de su maestro Lacassagne: "Las experiencias que hemos tenido confirman y prueban la veracidad de las afirmaciones de los niños".

Por su parte, Brouardel, quien inicialmente enfatizó un perfil mentiroso de los niños, mantuvo su interés acerca de las violaciones padecidas por éstos en su libro Les attentas aux moeurs (1880-1885). Si bien insistía en que los violadores convictos son muchas veces excelentes padres de familia (?), también reconoció: "Las agresiones sexuales son crímenes del hogar", añadiendo que "de 232 delitos, en 19 el padre era el culpable". Describió estos delitos (malos tratos, asesinatos, incesto y abuso) en 1885; sabemos que Freud asistió a sus cursos en la morgue de París y fue en ese entonces cuando escribió la enigmática frase: "Brouardel solía enseñarnos cuánto material post mortem había en la morgue que merecía ser conocido por los médicos, pero del cual la ciencia prefiere no tener noticias". ¿Qué estaba mostrándoles Brouardel? O sea, en 1886, cuando Freud dictó su conferencia ante la Sociedad de Psiquiatría y Neurología de Viena y vinculó el origen de la histeria con abusos sexuales -específicamente incesto- padecidos durante la infancia, tenía, como telón de fondo, las ideas antagónicas que acabo de enunciar. Y contaba con sus convicciones, producto de las confidencias de sus pacientes.

Los libros que Freud no llevó consigo

En vísperas de partir hacia Inglaterra Freud seleccionó qué libros no llevaría consigo; se los entregó a su vecino, el librero Sonnenfeld, que los vendió a otro librero quien a su vez los revendió al Instituto de Psiquiatría de Nueva York. Actualmente están alojados en la Universidad de Columbia. Entre ellos se encuentran los textos de Tardieu, de Brouardel y de Bernard en los que se describen los historiales que refieren las evidencias de incestos comprobados por estos autores. Se ignora por qué Freud, que los había comprado y mantenía en su biblioteca, no los mencionó en su presentación de 1896. Pero en una carta a Fliess, en 1893, se refiere a la "historia de la hija del posadero del Rax: un bonito caso para mí". Es la historia de Khatarina, protagonista de un incesto. (Freud reconoce esto recién en 1924, en una nota a pie de página.)

El 21 de abril de 1896 Freud dictó su conferencia acerca de la etiología de la histeria (la teoría de la seducción) en la Sociedad de Psiquiatría y Neurología de Viena. Como sabemos, recibió el repudio unánime de sus colegas: había ofendido al patriarcado y en particular a la comunidad médica que lo había escuchado esa noche en una sesión presidida por Krafft-Ebing; de sus colegas así opinó entonces en una carta que el 26 de abril le escribió a su amigo Fliess: "(La conferencia) recibió de los asnos una acogida glacial. (...) Y esto después de haberles demostrado la solución de un problema que data de mil años (...) Pueden irse todos al infierno". (Carta omitida en la edición de la correspondencia entre ambos, y que figura en la biografía escrita por Max Schur.)

Pero el 4 de mayo, su estado de ánimo era otro y así volvió a escribirle a Fliess: "Estoy tan aislado (...); se ha impartido la consigna de abandonarme y un vacío se está formando en torno de mí."

A partir de este aislamiento por parte de sus colegas, comenzó a gestarse la que sería su retractación en 1905: "Me vi obligado a reconocer que aquellas escenas de seducción nunca habían tenido lugar y que solamente eran fantasías que mis pacientes habían inventado". Así logró reinsertarse en la sociedad médica.

Fechas rescatadas en la historia del incesto

Los datos que utilicé figuran en el libro El asalto a la verdad, de Jeffrey M. Masson, editado por Seix Barral en 1985. El volumen no forma parte de la información que acerca de la teoría freudiana se aporta a los estudiantes. Lo cual enrarece su formación puesto que dificulta el intercambio de ideas con otros autores -Forrester, por ejemplo- que sin desconocer los hechos históricos prefiere enfatizar el valor de la teoría acerca de las fantasías.

En su nuevo planteo Freud introdujo su tesis acerca de la eficacia de las fantasías; además, las escenas que originalmente describió nombrándolas como "ataque", "abuso", "violación" padecidos por las niñas. Se convirtieron en imaginarias, un invento de sus pacientes. La eficacia de las fantasías y de las escenas se instalaron como puntos claves del psicoanálisis que acababa de nacer. Se abrió un capítulo enriquecedor para la comprensión del psiquismo humano y, en paralelo, Freud enterró las evidencias que sus maestros le habían mostrado: su causa futura no sería la evaluación clínica de los efectos del incesto como lo propuso en su primera conferencia acerca de la histeria. Entonces, la niña incestuada y el padre violador adquirieron estatuto virtual en el imaginario de los y las psicoanalistas. Sus discursos postergaron, por décadas, el registro de las violencias paternas y revictimizaron a la niña, porque, además de negar el incesto consumado, posicionaron a las víctimas como modelos de lo que la teoría sostenía: las niñas inventaban escenas sexuales con sus padres dada la eficacia de la situación edípica. O sea, las niñas víctimas sirvieron para verificar la contundencia de este segmento de la teoría. Si acusaban al padre, se debía a sus fantasías acerca de un amor que ellas deseaban recibir. Veinte o treinta años después le relatarían a su psicoanalista que siendo niñas su padre eyaculaba sobre ellas después de penetrarlas y entonces "descubrirán" que la humedad seminal que ahora recordaban asqueadas había sido pura imaginación deseante.

Tal como lo sostengo en el libro Incesto paterno-filial, "quedar atrapada en el incesto impide o dificulta la renuncia a estas ligaduras edípicas con el padre. La inclusión de la niña en el incesto bloquea la puesta en fantasma de la situación edípica, así como la consumación del incesto no es lo mismo que actuar el fantasma del complejo de Edipo. Mantener el fantasma de la situación edípica es, justamente, la garantía de la no realización del incesto". Haber sustituido el delito incesto por las fantasías de la niña no se limita a una confusión entre niveles teóricos; reconocer la eficacia de las fantasías y la trascendencia del lugar que ocupan en el psiquismo no autoriza negar y/o desmentir la evidencia de padres incestuosos que traicionan la responsabilidad tutelar y la necesidad de convivencia tierna del varón con sus hijas.

Este material fue analizado en el libro Incesto paterno-filial contra la hija niña, publicado por Editorial Universidad, que escribí junto con Silvio Lamberti (abogado) y colaboradores, y que incluye un análisis del incesto desde perspectivas psicoanalíticas y de estudios de género.

Riesgos del pensamiento lineal y de la aplicación de textos simplificadores

Omitir la perspectiva de los estudios de género en el análisis del incesto convierte cualquier análisis en una ficción. Se advierte la falencia del pensamiento complejo en el ámbito de la legislación que no caracteriza al incesto como un delito autónomo incriminable y facilita que los procedimientos de quienes ejercen el Derecho, en reiteradas oportunidades, se resistan a reconocer como válidas las acusaciones de las niñas, al mismo tiempo que privilegian la supuesta inocencia del padre. La lectura de algunas causas judiciales evidencia la persistencia del pensamiento lineal que, en 1880, descalificaba las narraciones de las víctimas, aunque actualmente los informes presentados por los psicólogos y psiquiatras entrenados en la escucha técnica describan con solvencia la dinámica del delito.

La aplicación, entre nosotros, de los contenidos de algunos textos estadounidenses (seriamente cuestionados en su país de origen por su falta de rigor) remite al déficit en la formación epistemológica de quienes aceptaron los planteos de los mismos sin ejercer un pensamiento crítico; también remite a la carencia de información acerca de las teorías creadas por los estudios de género, internacionalmente avaladas. El androcentrismo constituye una variable que coadyuva en el rechazo de las denuncias, en la persistencia con que se intenta revincular rápidamente a la niña con el padre incestuoso (contra el deseo de la víctima) y, cuando se trata de un divorcio "difícil", acusar a la madre de la niña como inductora de "los inventos" de su hija. Decisiones judiciales que transparentan los deslizamientos ideológicos de quienes -desde el poder que el ejercicio del Derecho consiente- reivindican el lugar del padre como intocable. Deeste modo retornan al lugar histórico de la retractación: "No hay niñas/víctimas de incesto. No hay padres violadores".

Cualquiera de estas estrategias es parte del contraproyecto que intenta rescatar el espacio perdido por el patriarcado; al evidenciarse el ejercicio de la violencia en el ámbito familiar como responsabilidad prioritariamente masculina, también quedó al descubierto el incesto paternofilial contra la hija/niña practicado en todas las clases sociales.

El incesto, recordémoslo, apunta a destruir la subjetividad de la niña. El placer que el padre obtiene avanza en busca de la satisfacción que le produce violentar a un ser humano. La niña no es tratada como una cosa, por el contrario, el placer-poder radica en dañar a una persona, lo que posiciona al incesto en el ámbito de la perversidad (placer por dañar) y no necesariamente de la perversión sexual.

Las variables y el contexto, que corresponde estudiar cuando se menciona el incesto, son múltiples y no podrían incluirse en esta nota; pero es preciso abundar en la variable histórica porque ella nos ilustra acerca de sus protagonistas, entre las cuales nos contamos, porque constituimos el entorno capaz de advertir que el incesto constituye un antecedente de la violencia contra las mujeres. Si no lo asumimos en ese carácter, si permitimos que la niña lo transforme en invisible debido a la insuficiencia de su voz, perderemos de vista una de las estrategias masculinas más eficaces para escribir la propia historia del poder.



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Adolescencia: dificultad en la relación con sus padres
Capítulo del Relato Jóvenes: contactos familiares, preparado por invitación de la Fundación , para ser discutido en la reunión de Expertos latinoamericanos acerca de Juventud y Familia (agosto 1998;Campos de Jordao-Brasil). El Relato completo fue editado en México por Causa Joven, la Revista del Centro de Investigación y Estudio sobre Juventud, año 2000

Numerosos padres y otros tantos adultos fundan 1) una relación evitativa con el hijo o con los jóvenes , relación que , a su vez abarca un contenido opuesto y que se traduce intentando la superposición sobre la vida del hijo, como un modo de tomar por asalto a la generación siguiente.Formando parte de este modelo encontramos a quienes expulsan a sus hijos de la casa familiar, que es una manera de encerralos afuera, en lugar de encerrarlos dentro prohibiéndoles salir.

Otro modo de relación está ilustrado por 2) las conductas del tipo de la juvenilidad competitiva que ensayan los adultos en distintas áreas, evidenciando la neta pretensión de ser como los jóvenes, renegando de su edad, o bien viviendo como si la juventd de los jóvenes actuales también hubiese sido diseñada para ellos.

Otra alternativa puesta en pràctica por los adultos es 3) la modalidad de aislarse del joven, desaparecer de su entorno, lo que en Argentina se denomina "borrarse". El padre "se borra" y entonces posiciona al hijo plantado al lado de las polleras de la madre, infantilizándolo. 4)La denominada posicion amistosa entre los jóvenes y los padres arriesga desvirtuar la función continente que la crianza de los hijos precisa y que significa aportar orientación e información a los descendientes.

Una función paterna o materna consiste en hacer de brújula sin embanderarse en prepotencias: éste es un modo de ayudarlo al otro a plantearse sus propios problemas, que es lo que el hijo trata de evitar .Y en oportunidades, es el padre el que quiere evitarlo, porque no quiere ocupar este lugar que significa descompletar el circuito de perfecciones, ilusiones, omnipotencias y anhelos que el joven podría habercreado defensivamente para sí; al mismo tiempo pretende eludirlo dado que no siempre cuenta con argumentos para oponer a la lógica que los hijos e hijas le proponen.


2.4) La función descompletante

5) Se denomina descompletar a la decisión adulta que tiende a introducir en el diálogo con los jóvenes, lo inverso de lo perfecto, la irrupción en el circuito cerrado de aquello en lo que cree el joven o que aspira lograr. En este modelo comunicacional y emocional de contacto, el adulto le advierte al joven que si insiste en no reflexionar acerca de los problemas que ya tiene, deberá asumir las consecuencias.

Este procedimiento implica despertar la furia de los jóvenes en general, porque plantearles los problemas significa desarticular la composición de su mundo intelectual y emocional, ordenado por ellos de acuerdo con los cánones que les aliviaban dudas e incertidumbres.

El hijo se enfurece al escuchar a un padre que le plantea problemas porque evalúa esas palabras como si fuesen una injuria aunque posteriormente reconozca que el padre "tenía razón" .No obstante su furia inicial desactivó el contacto que podría haber establecido con su padre en niveles más densos; de allí que con frecuencia escuchamos las quejas de los adolescentes que critican dichos contactos debido a que los encuentran fugaces y superficiales. Sucede el mismo modo con aquellos adultos que ocupan la posición paterna, profesores, sacerdotes, siempre que sean cercanos e impuestos. No ocurre en cambio con aquellos que logran incorporarse en la posición de iniciadores en el mundo cultural y/o espiritual que también se harían cargo de esta función.

Encontramos modalidades equivalentes en varones y mujeres si bien la relación del padre con la hija y de la madre con la hija evidencia especificidades relativas a las característiocas culturales de cada género. El común denominador se encuentra en la ira que activan los padres y madres cuando intentan un contacto emocional con hijos a hijas, y encuentran rechazo si intentan que los adolescentes les hablen acerca de sus problemas y de sus proyectos. Esta respuesta no es arbitraria sino que corresponde a una fantasía que, aunque parezca excesiva, corresponde a un nivel de análisis tangencial a los contenidos inconcientes: algunos hijos sienten que su padre no daría su vida por él.

El registro,la fantasía y la verificación de estas conductas paternas, representativas de una índole de contacto intergeneracional que se caracterza por la falta de intensidad y por el deficit de compromiso - y que por cierto no representa a todos los padres de América latina- puede asociarse con una tendencia que se observa en los jóvenes cuando sistemáticamente intentan evitarse problemas, adhiriendo al estilo de borramiento paterno.

Cuando el contacto emocional contiene algo de interrogación descompletante, tampoco satisface al padre o a la madre que deben avanzar en dicho posicionamientoparental;una vez iniciado el descompletamiento es difícil retornar a una posición neutra, indiferente.

Cuando los padres se comprometen a hablar con los hijos jóvenes enfatizando un contacto emocional que implica demandarle reflexión, es decir, pensamiento y juicio crítico, lo que hacen es solicitarle que se comprometan en un proyecto, que se defina y que abandone una posicion ambigua, vacía o en la pura pretension de tener razón al defender el estilo de vida que ensaya cotidianamente.

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