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	<title>Eva Giberti &#187; Género</title>
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		<title>La obediencia y la violación en la fantasía de la mujer, Primera Parte</title>
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		<pubDate>Thu, 06 May 2010 15:35:59 +0000</pubDate>
		<dc:creator>diego</dc:creator>
				<category><![CDATA[Género]]></category>

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		<description><![CDATA[Publicado en Revista del Ateneo Psicoanalitico, Nº 2; Bs. As; 1999 Comencemos por la etimología de obediencia y sus derivados(Sopena1997): proviene del latin audio, audire, oír, escuchar, decidir qué es lo que se quiere escuchar, según de quien provenga, o bien, depender de determinada escucha; Cicerón es explícito cuando afirma: Noe ego sapientam istam,non audiam.. &#8220;Ciertamente yo [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Publicado en Revista del Ateneo Psicoanalitico, Nº 2; Bs. As; 1999<br />
<span id="more-2222"></span><br />
Comencemos por la etimología de obediencia y sus derivados(Sopena1997): proviene del latin <em>audio, audire</em>, oír, escuchar, decidir qué es lo que se quiere escuchar, según de quien provenga, o bien, depender de determinada escucha; Cicerón es explícito cuando afirma: <em>N</em>oe<em> ego sapientam istam,non audiam</em>.. &#8220;Ciertamente yo no escucharé (obedeceré) los consejos de una tal sabiduría&#8221;, así como Plauto, cuando precisó responder &#8220;Obedezco&#8221; pronunció: <em>Dicto sum autiens.</em></p>
<p>En los orígenes de la obediencia que implica uno/a que habla=manda y otro/a que escucha=obedece, encontramos la temprana relación madre/niño-niña; a partir de la diferenciación de sexos y de géneros, el varón y la niñita se relacionarán de manera diferente con una mujer, la madre, de quien proviene la palabra escuchada y obedecida, sin que ello signifique exclusión del padre.</p>
<p>Para determinadas mujeres la obediencia resulta de su entrenamiento como sujeto incluído en un género, como si obedecer constituyese una conducta&#8221;natural y específica&#8221; de las mujeres, categorías ambas mediante las cuales se logra encubrir los dispositivos de poder gestados para invisibilizar la imposición de la obediencia como una forma del sometimiento y de la subordinación.(Giberti 1992 ).</p>
<p>A partir de esta concepción del género mujer, la obediencia adquirió significado de bondad y clausuró o limitó durante siglos las iniciativas que podrían surgir de dicho género; excepción hecha de las decisiones de desobedecer cada vez que el género mujer puso en juego el juicio crítico y avanzó en su deseo de saber y su correlativo, el deseo hostil(Freud 1905; 1895; 1895-1950) . Ambos se ilustran con la pléyade de transgresiones y desobediencias que jalonan de historia de las mujeres.</p>
<p>La obediencia no remite exclusivamente a la generalización que implica mencionar la violencia invisible, (Giberti E.-Fernández A.1988) lo cual constituye una lectura política de esa obediencia, definida desde la categoría lucha y oposición entre el género mujer y el genero varón. Responde también a otras dimensiones que reclaman una focalización desde las producciones del psiquismo y que incluyen diversos matices de la sumisión,(psicopatológicos o no, a veces coyunturales y concientemente jugados) y &#8220;la entrega&#8221; al partenaire durante el acto sexual semantización habitual y tramposa ya que, cuando realmente ocurre es la antítesis de la sumisión (Giberti E. 1998. a)<br />
<a title="sub1" name="sub1"></a><strong>Leyenda de Eros y Psyché</strong> (Apuleyo 1969)</p>
<p>Esta leyenda se origina en la remota Antigüedad; se la rastrea en Egipto, en Persia y en la India. Durante los tiempos greco-romanos se reprodujeron las imágenes de ambos en vasos y cerámicas y a partir del año 236 aparecieron grabadas en medallas y en tumbas.</p>
<p>Había una vez un rey y una reina que tenían una hija tan hermosa que por ella los mortales posponían el culto a Venus. La diosa,furiosa por esta competencia, decidió enviar a su hijo Eros para que la vengara. Eros debía lograr que la joven Psyché cayera rendidamente enamorada del ser más monstruosamente feo que fuese posible.</p>
<p>Los padres de Psyche advertidos por un oráculo de la venganza que se proponía la diosa, acordaron prescindir de una hija tan peligrosa y la transladaron a un monte lejano donde la abandonaron a su suerte. Solitaria, la joven se adormeció hasta que de pronto apareció un Zefiro que la levantó en sus brazos y la condujo por los aires hasta un castillo maravilloso, donde la esperaba un esposo invisible.</p>
<p>Se convirtieron en pareja y disfrutaron de relaciones sexuales apasionadas , pero el esposo impuso una condición <img src='http://www.evagiberti.com/wp-includes/images/smilies/icon_razz.gif' alt=':P' class='wp-smiley' /> syché no debía mirar su rostro. Además le ordenó que , en caso de aparecer la familia de ella, por ningún motivo debía contarles qué era lo que estaba sucediendo. A pesar de la prohibición, Psyché que había vuelto a encontrarse con sus hermanas, les narró su maravillosa historia y su enamoramiento del marido invisible. Estas, envidiosas, le sugirieron que podría tratarse de un monstruo y que por lo tanto, ella debía saber quién era.</p>
<p>Acicateada por la curiosidad, una noche, Psyché encendió su lámpara de aceite y mientras el esposo dormía, se inclinó sobre él : entonces el resplandor iluminó el rostro del dios más bello y seductor de todos. Pero de su lámpara se desprendió una gota de aceite que cayó sobre Eros quien despertó de inmediato y huyó volando hasta desaparecer, rumbo a los territorios de su madre.</p>
<p>Al enterarse de lo sucedido Venus reconvino duramente a su hijo,y además hizo conducir a Psyche ante un tribunal de justicia que la condenó a la realización de trabajos humillantes. Para complejizar más el castigo, le impuso recorrer el camino que la llevaría hasta la fuentes de la Laguna Estigia y a las puertas del Infierno. Allí debería encontrar un ánfora que contenía cosméticos mágicos, de modo que quien los usara conquistaría a cualquier varón; Psyché debería entregárselos a la diosa.Ayudada por toda la Creación y en especial por la diosa Proserpina, Psyché llegó hasta el vaso que contenía los cosméticos, pero,pensando conquistar definitivamente a Eros, decidió probarlos; pero la magia de los cosméticos se volvió contra ella y cayó en un sueño mortal . Al enterarse, Eros, desesperado, recurrió a Zeus y le pidió que para salvarla la convirtiera en inmortal . Concedido que le fué su deseo, logró rescatar a la curiosa y desobediente Psyché y llevarla consigo.</p>
<p>Venus fué vencida, y el hecho resulta significativo: si se hubiese tratado de una tragedia, la furia de Venus al verse superada por las generaciones siguientes representadas por Eros y Psyché, hubiese podido llevar la arbitrariedad hasta el extremo castigando severamente a su hijo y aniquilando a Psyché.Pero se trata de un drama y además, el amor hacia su hijo y la condición divina del mismo, que le concedía la inmunidad de un dios, no le permitieron abundar en la sanción ni imponer la venganza original contra la hermosísima joven.La leyenda finaliza con el nacimiento de una niña, hija de los amantes, a la que llamaron Voluptuosidad.</p>
<p>No es casual que la voluptuosidad sea hija de estos dos niveles de placer y de sufrimiento que cobijan una doble desobediencia, la de Psyché que mira-espía al esposo y la de él que desobedece-oculta a su madre sus amores con la mujer prohibida.</p>
<p>Una interpretación de algunas de las conductas que se perfilan en esta leyenda evidencia una apelación a la obediencia jugada en diversos planos. Cuando Psyche obedecía al esposo misterioso 1) se enmascaraba como obediente dado que de ese modo se lo había impuesto el varón durante la relación sexual, y al mismo tiempo, 2) se estaba preparando para ser una madre como Venus y como su propia madre. Ni 1) ni 2) se aproximarían a una posición masoquista, teniendo en cuenta que la obediencia formaba parte de lo inevitable en las hijas respecto de sus padres y espososen aquellos tiempos; de lo contrario hablaríamos de sumisión erótica erotica pero en el marco del masoquismo moral : o sea, masoquismo erótico dependiente del masoquismo moral.</p>
<p>En el masoquismo, el acto sexual sólamente puede llevarse a cabo en estado de envilecimiento, de inferioridad y de sufrimiento; encuentra su placer sólamente en abandonarse a un ser a quien se le han entregado los derechos soberanos. Quien es masoquista se envilece para aumentar la distancia y la diferencia con quien lo o la sojuzga. Pero el comportamiento de Psyché derivó desde el sometimiento (¿masoquista?) a la decisión de desobedecer eludiendo la que podría denominarse posición pasiva, si bien cumplir la orden es un comportamiento activo.</p>
<p>La leyenda pone en juego un interrogante conocido : la mujer ¿&#8221;se deja hacer&#8221; ? ¿o no? Existe un &#8220;dejarse hacer&#8221; de modo que el&#8221;hacer&#8221; quede a cargo del varón y resulta de la pasivización de la mujer, y un &#8220;dejar hacer en una&#8221; que corresponde a la actividad del hombre con compromiso y deseo de la mujer. Este segundo nivel ingresa en la orientación con que las mujeres dirigen a la pareja para construír su<strong>erotización subjetivada</strong> que privilegia el contacto con las zonas sensibles y respondedoras del cuerpo.</p>
<p>Otra dimensión del &#8220;dejarse hacer&#8221; es la que avanza sobre la frase :&#8221;hacé de mi lo que quieras&#8221;, que Lyotard(1979) analiza cuando desarrolla su tesis acerca de la prostitución, pero que puede hacerse extensiva a otras mujeres y que retomo más adelante.</p>
<p>Psyché eligió desobedecer cuando decidió mirar la cara de un varón, lo cual puede asociarse con la provocacion sexual en tanto ésta constituye un desafío activo, a diferencia de otra índole de provocación, la que se exterioriza cuado la mujer baja la mirada,modestamente. En el origen de ambas encontramos los vínculos tempranos entre madre-hija, cuando se acuñan aprendizajes de diversa índole respecto de las cenestesias en el cuerpo del bebe y referentes a la relación con los varones.</p>
<p>¿Existirá una conexión entre obedecer las indicaciones-los deseos y demandas-del varón durante la relación sexual y, simbólica e imaginariamente desafiar a la madre o aplacarla?</p>
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<strong><a title="sub2" name="sub2"></a>La madre obedecida</p>
<p></strong>Se nos presenta un problema derivado de la sumisión al varón protagonizado por un universo de mujeres durante el acto sexual como acuñamiento de género, y por otra parte la alternativa que nos autoriza a pensar en varias tesis , una de ellas el aplacamiento de la figura materna representada en el Superyo ; la sumisión del erotismo de las mujeres ante el varón objeto de deseo quizás pueda relacionarse, en algunas historias de vida, con dicho aplacamiento mediante una obediencia que inicialmente remitió a las órdenes provenientes de la madre y que en la adultez, al procesarse como sumisión al varón, excluye simbólicamente e imaginariamente a la mujer de la relación con su pareja.</p>
<p>Ocurriría de este modo dada su necesidad de aplacar a un Superyo materno, por desplazamiento de la figura materna sobre el partenaire sexual que se traduciría en encontrar su placer en la sumisión al varón. O sea, se obedece al varón pero en realidad se está repitiendo la obediencia a la madre. Como si el varón no estuviese presente y la mujer inconcientemente repitiera su obediencia al Superyo materno mediante el sometimiento a las órdenes que recibe del varón, al que pone en lugar de una madre que dirige lo que ella debe hacer, sin dejarse espacio para seleccionar la índole de placer y de goce que ella precisa de acuerdo con los procesos de subjetivación de su propio erotismo. Más aún, con alguna frecuencia las mujeres vivencian que el orgasmo puede dejarlas muy expuestas ante un Superyo materno capaz de criticarlas.</p>
<p><span style="text-decoration: underline;">Disimulada tras el acatamiento a las directivas masculinas durante las prácticas sexuales-coitales , algunas mujeres registran un mandato inconciente que diseña un falo materno el cual desautoriza la construcción del propio goce y/ o placer, para limitarse a obedecer al compañero. </span>La tarea persecutoriade ese falo sería la de recordarle a la hija que una hija(niña) no puede (no debe) gozar sexualmente si pretende ser una hija. Tal como lo describe Allouch(1995) al estudiar el análisis que hace Lacan del delirio de Marguerite Anzieu: <em>&#8220;Una hija como hija no puede ser</em> <em>madre&#8221;.</em> Al utilizar esa frase, Allouch ilustra el delirio en el cual se descubre que la presencia del hijo-que no puede ser borrado- testimonia la existencia de un acto sexual. Afirmación que, al hacerse extensiva a la posible relación entre una madre y una hija remite al comentario de Lacan( 1973<em>):&#8221;(&#8230;), estrago que es en la mujer , para la mayoría , la relación con su madre, de donde ella parece esperar, como mujer, mayor subsistencia que de su padre, lo que no sucede con él, siendo secundario en este estrago&#8221;.</em></p>
<p>Esta apreciación-que corresponde a la teoría lacaniana acerca del orden simbólico y las mujeres- deja al descubierto el deficit que aún mantenemos respecto de un análisis más refinado de la relación entre la niña y la madre en el estadio pre-verbal , pre-edipico y pre-discursivo, y la presión que en él ejerce la ley fálica,( Lacan 1973 ) posicionando a la mujer exclusivamente en su función materna y excluyéndola de su lugar como sujeto gozante(Giberti 1998 a). Lo cual abre un interrogante respecto de las características de un imaginario, que a diferencia de la concepción que lo evalúa como alienante y confusional, sea reconocido en su potencial, incluyendo la relación pre-verbal,pre-edipica con la madre;pero una madre que sea, al mismo tiempo , una mujer sexualizada y con capacidad de goce. Es decir, que haya construído una <strong>subjetivación de su erotismo</strong> acorde con sus anhelos y necesidades. Proceso necesariamente atravesado por las variables socioeconómicas que establecen diferencias entre las mujeres. Una formulación de esta índole probablemente incidiría en la construcción del Superyo materno.</p>
<p>J.Benjamin( 1996) aporta otra perspectiva: <em>&#8220;(La niña) protege al objeto materno todopoderoso y totalmente bueno al precio de la obediencia&#8221;</em> ; añade que el miedo a la separación y a la diferencia (querer algo diferente de lo que quiere su madre), se convierte en sumisión. <em>&#8220;En el sometimiento erótico, el miedo al poder del amo ocupa el lugar del miedo más profundo: el miedo a la separación que se siente como</em> <em>muerte&#8221;.</em>Sintetiza su pensamiento al afirmar que la sumisión les permite a las mujeres una reescenificación de su temprana relación identificatoria con la madre, como si se tratase de una replicación de la actitud materna (que previamente describió como carente o deficitaria de subjetividad).</p>
<p>Estaríamos frente a dos perspectivas diferentes: la madre superyoica como falo persecutorio por una parte y por otra,la madre que aporta la sumisión como modelo identificatorio .</p>
<p>Si retomamos la leyenda de Eros y Psyché desde la perspectiva de un Superyo materno, encontraremos dos figuras temibles, Venus y la madre de Psyché que acepta abandonarla.Por su parte, Eros se negaba a darse a conocer porque había transgredido el mandato de Venus contra Psyché. Esta, al acatar esta prohibición de Eros, se identificaba con su amante y adhería a su Superyo materno, pero logró desligarse de dicho superyo venusino al ejercer una curiosidad expulsiva y liberadora que le permitió descubrir la belleza de Eros .</p>
<p>Este descubrimiento probablemente estaba enlazado con el miedo a lo desconocido evidenciado por la invisibilidad de Eros, pero en realidad debía referirse a la sorpresa que produce el goce sexual. El misterio,aparentemente, residía en ignorar quién era el esposo, pero la sorpresa quizá se produjo al descubrir el propio goce.</p>
<p>Más allá de la leyenda, lo que se pone en juego en la relación con el Superyo materno es la deuda de gratitud hacia la madre, vividsa como contrapartida de la necesidad de liberarse.En determinado momento surge una transacción entre ambas instancias que lleva a preguntarnos dónde empieza la sumisión al Superyo de la madre y dónde termina la gratitud hacia ella(Maldavsky 1998 a)</p>
<p>En estas situaciones cabe formular un interrogante que apuntaría a la categoría que Freud nominó masoquismo moral: cuánto del masoquismo moral funciona como integrante de los componentes eróticos, y cuanto de masoquismo moral puede hacer de interferencia al goce, entendido según la Erótica cxomo disciplina en formación.Prefiero hablar de sentimiento de culpa, siguiendo el criterio de Maldavsky (1998 b) en lugar de masoquismo moral, culpa que asocia el propio crecimiento y vivencias gozozas vinculadas con la sexualidad y la fantasía de estar matando a la madre al decretar que ésta envejece.</p>
<p>Este Superyo materno probablemente haya sido uno de los promotores de la obediencia al varón como significado de bondad, lo que nos autorizaría a pensar que , ante la indefensión de la niña, la madre adheriría a la figura paterna intentando &#8220;ser como él en el ejercicio del poder&#8221;, al intervenir en la construcción de la subjetividad de la hija-niña en sus aspectos obedientes.Si conjeturamos que se trataría de madres identificadas con la figura paterna, desexualizadas en su ser mujer sujeto de goce , cabría pensar en terminos de madres temibles, con características destructoras . En este modelo la obediencia se habría desarrollado, comenzando desde la niña, como oferta simbólica al varón, incluyendo en esta oferta su sumisión durante el acto sexual.</p>
<p>Cuando hablo de oferta simbólica al varón lo relaciono con esta deuda ligada a la relación con la madre, al decir de Lacan. La deuda se vuelve simbólica a posteriori, porque en un primer momento se comienza a pagarla en el plano sexual, territorio del masoquismo que podría funcionar como interferencia, pero después la deuda progresivamente se torna simbólica, ligada a las palabras.</p>
<p>Por ejemplo, cuando cae la gota de aceite sobre el rostro de Eros y Psiché logra reconocerlo, es como si ella hubiese dicho&#8221; ¡Basta! Yo ya pagué a mi madre y también a mi suegra y ahora quiero otra cosa.&#8221; La pulsión de ver y la pulsión de saber, desembocan en la hostilidad que podría sostener la frase desafiante que entrecomillé, que aporta su contenido al deseo de saber quién es el varón con quien disfruta sexualmente, y que excede a la curiosidad prvia al encuentro genital.</p>
<p>La obediencia al varóncon perfiles de sometimiento puede impedir el ejercicio de la iniciativa de las mujeres durante las actuaciones sexuales, así como de los goces. Iniciativa tiene su origen etimológico en inicial, lo primero, lo iniciático. Si algo aprendemos desde pequeñas es que no nos corresponde tomar la inciativa cuando se trata de sexualidad.Aún se encuentra pendiente la construcción simbólica de la iniciativa entendida como capacidad de decisión que puede que puede coadyuvar en la regulación de la vida sexual de las mujeres.</p>
<p>La orientación que el orden social les ofrece a las mujeres en materia prácticas sexuales, privilegiando la sumisión al varón-aunque actualmente se adviertan cambios al respecto- y se la articula con la posible relación con la madre, es dable esperar que algunos varones ingresen &#8220;con ventaja&#8221; en la experiencia sexual del género mujer. &#8220;Ventaja&#8221; que puede ser entendida desde la perspectiva de disfrutar (aprovechar) del sometimiento con que algunas impregnan la relación con la pareja; paradojalmente, dicho sometimiento puede responder al vínculo con la madre y no con el otro género.</p>
<p>Quizás el varón precisa expulsar de si el riesgo de la propia pasivización que la obediencia le sugiere; la obediencia se le torna ominosa a partir de la representación de una mujer que no logra oponerse a sus imposiciones. Dados los componentes narcisistas de cada sujeto masculino , el varón debe poder contar con la obediencia de la mujer; si esta tesis fuese correcta sería posible relacionarla con la tesis-sostenida en otro ensayo- acerca de la obediencia como organizadora de las respuestas de las mujeres.(Giberti 1992). Este plural que utilizo para eludir un análisis pormenorizado de las diferencias entre las mujeres, no implica homologación de &#8220;todas&#8221; ellas.Será imprescindible tenerlo en cuenta durante la lectura de este artículo, ya que al decir de J.Flax( 1995)<em>&#8220;Las desigualdades entre mujeres no son tan pequeñas ni carentes de consecuencias.&#8221;</em></p>
<p>Las prácticas sociales al promover la obediencia de las mujeres como necesariedad para mantener el orden social quizás coadyuvan a pervertir la relación intergéneros al transgredir el reconocimiento de las mujeres como un otro Yo que no está destinado a obedecer. Se potenciaría asi la creación-invención de una necesidad maculina de ser obedecidos, producto de tensiones psíquicas y sociales que incluye el disfrute por mandar para que otra obedezca, práctica socialmente avalada y promovida. El desarrollo del tema conduciría a pensar en el cambio de la meta de la pulsión.</p>
<p>Entiendo que cualquiera de los planteos teóricos propuestos no admite generalizaciones y que las fuentes de la sumisión tal como se encuentra en las mujeres conviene que sea incluída en el principio de incertidumbre, acoplándonos , según la situación, a la tesis que se muestre más cercana al ejemplo con el que trabajemos.</p>
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<strong><a title="sub3" name="sub3"></a>Adan y Eva en el Paraíso</p>
<p></strong>En el Paraíso Terrenal, el pecado de soberbia, tramitado por la desobediencia de Eva condenó a las mujeres a sobrellevar el castigo que las sometió a depender del varón debido a su deseo hacia él, y también al dolor del parir; o sea, el castigo por la desobediencia en aras de poseer el conocimiento que dimanaba del Arbol donde se articulaban el Bien y el Mal es doble. Estos<strong> dos términos de la maldición bíblica inauguran la violencia respecto del cuerpo de la mujer en su proyección sexual.</strong></p>
<p>En ambas violencias <span style="text-decoration: underline;">se la condena a obedecer</span> ya sea 1) sometiéndose al varón por causa de su deseo hacia él, que implica<strong> </strong>que no se trata de cualquier varón, ya que el discurso de Yahavé lo asocia con la parición y los hijos: entonces se refiere a un varón deseado con el que la mujer tendrá descendencia , 2) o sometiéndose al parto doloroso que además le dañará el cuerpo .</p>
<p><strong>La formulación de la maldición deja en claro que <span style="text-decoration: underline;">la obediencia,</span>transmitida como destino para las mujeres, <span style="text-decoration: underline;">es la herramienta necesaria para el cumplimiento de un castigo doble que se gestó en la ira del dios-padre</span>; quien obedece pierde o no adquiere autonomía respecto de sus deseos y de su cuerpo, y en esta realidad consistiría el bien perdido por las mujeres debido a su deseo de saber y de conocer.</p>
<p></strong>Si las mujeres obedecieran al mandato implícito en la maldición perderían su capacidad de decidir acerca de su deseo de varón o hacia otra mujer, o si no pretenden desear a persona alguna.</p>
<p>El mito condensa tentación-desobediencia- castigo-obediencia en la imagen de <span style="text-decoration: underline;">una mujer temible</span> porque pretende saber-conocer oponiéndose a la prohibición emanada desde el poder instituído y porque es capaz de hacer caer en tentación al varón . Mujer <span style="text-decoration: underline;">a la que es preciso encerrar en los límites de su propio cuerpo(deso sexual y parición) para que esté obligada a obedecer los mandatos que a partir de la maldición habrán de gestarse y ampliarse en él</span>. La maldición transformó su cuerpo en una cárcel<strong>: </strong>ser mujer equivaldrá a depender de un cuerpo en disponibilidad para el placer del varón y para la reproducción<strong>. </strong><span style="text-decoration: underline;">Someterse y padecer obligatoriamente al parir es una transformación en lo contrario de la pulsión y el deseo de saber de las mujeres , mediadas por la obediencia, ante la hostilidad que surge de la frustración de Eva (&#8220;No comer de determinado Arbol&#8221; ) y el resultante deseo hostil que la conduce a convidar a Adan, al que de ese modo consagra como aliado . Equivocándose sin duda, ya que éste ante el interrogatorio de Yahavé la&#8221;manda al frente&#8221;: &#8221; La mujer que me diste por compañera me tentó&#8221;.</span></p>
<p>Tanto Eva cuanto Psyché asumieron los efectos de sus desobediencias: Eva acotada a la maldición, parió con dolor a Cain y a Abel. Psyché parió a la Voluptuosidad. Ambas debieron expulsar de sí el sometimiento a una prohibición parental(Venus y Yahavé) y convertir lo segregado en no-Yo, desatribuyéndole a dicho contenido su pertenencia al Yo; pero Eva quedó marcada por el castigo, asi como sus descendientes, es decir, nosotras.</p>
<p>En cambio Psyché persiste como la diosa representante del alma, en sustitución del amor carnal, y se la suele simbolizar como una mariposa en vuelo. Este mito deja libre al alma para eludir el sometimiento. Se construyó un nuevo lugar psiquico cuando Psyché recreó un nuevo sujeto, desobediente, enfrentado con el objeto previo, diseñador de sometimientos.</p>
<p></span></p>
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		<title>&quot;Portarse bien&quot; durante el parto</title>
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		<pubDate>Thu, 06 May 2010 15:35:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator>diego</dc:creator>
				<category><![CDATA[Género]]></category>

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		<description><![CDATA[Texto publicado en el Suplemento Nº2 de la colección Escuela para Padres, editado por Página 12 (1999) Una de las recomendaciones que antiguamente se utilizaba durante dicha preparación, insistía en la necesidad de no quejarse, de no gritar , es decir, de&#8221;portarse bien&#8221; durante el parto. El argumento era:&#8221; si se grita se pierden fuerzas&#8221;.Es [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Texto publicado en el Suplemento Nº2 de la colección Escuela para Padres, editado por Página 12 (1999)<br />
<span id="more-2220"></span></p>
<p>Una de las recomendaciones que antiguamente se utilizaba durante dicha preparación, insistía en la necesidad de no quejarse, de no gritar , es decir, de&#8221;portarse bien&#8221; durante el parto. El argumento era:&#8221; si se grita se pierden fuerzas&#8221;.Es probable que quienes sostuvieron esa recomendación no estuvieran suficientemente informados acerca de los matices varios que existen entre la energía, los gritos y emisión de aire .Por ejemplo, durante el entrenamiento en artes marciales, sabrían que el grito que lanzan los contendientes antes de asestar su golpe o al lanzarse contra el oponente, implica una carga de energía que se incorpora,justamente, mediante el grito que se asemeja al sonido &#8220;¡hardt!&#8221;</p>
<p>Parecería que los quejidos o gritos que puede proferir una parturienta aún no han sido suficientemente estudiados desde una perspectiva energética. Lo grave no reside en este punto, sino en que las embarazadas se convencen de que gritar durante el parto implica &#8220;portarse mal&#8221;.</p>
<p>La confusión que se les induce mediante la recomendación de &#8220;no gritar&#8221; como equivalente a &#8220;portarse bien&#8221;, es de tal índole, que innumerables mujeres egresan de la sala de parto, después de haber realizado el enorme esfuerzo de dar a luz y después de nueve meses de gravidez, en la culminación de una responsabilidad mayúscula, y, como si fueran nenas de jardin de infantes dicen: &#8220;Me porté bien, no grite!&#8221;, esperando la felicitación del partero y de las enfermeras.</p>
<p>Esta degradación de la figura de las mujeres, inducida por el poder hegemónico de la medicina, se vive como si se tratara de algo &#8220;natural&#8221;. Parecería que muchas mujeres no se dierancuenta de lo que significa adherir a una respuesta infantil en busca de la aprobación de quienes la acompañaron mientras ellas realizaban una tarea incomparable.</p>
<p>Nos quejamos o no lo hacemos, según sea el tamaño del bebe, según nuestra resistencia, según la elasticidad pelviana, de acuerdo con las características propias de cada nacimiento.Parimos como podemos, buscando aliviarnos y deseando tener en brazos a nuestro hijo.</p>
<p>Reflexión: ¿Cuál será el placer que encuentran algunas mujeres al reaccionar como si fueran niñas? ¿Búsqueda de reconocimiento? ¿No es suficiente ser reconocida como mujer paridora? Quizás no.Tal vez esas expresiones la ayuden a descansar, ilusoriamente, de la responsabilidad que le espera durante la crianza del hijo.</p>
<p></span></p>
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		<title>Incesto paterno/filial contra la hija/niña</title>
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		<pubDate>Thu, 06 May 2010 15:35:05 +0000</pubDate>
		<dc:creator>diego</dc:creator>
				<category><![CDATA[Género]]></category>

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		<description><![CDATA[El original de este ensayo fué publicado en la Revista Argentina de Clínica Psicológica, Fundación Aigle, Vol III, Nº3; 1999 La revisión de los textos que hablan de la historia de las civilizaciones nos coloca frente al incesto como una variable cultural incluída en diversas épocas y mediatizada ya sea por pautas culturales que lo [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>El original de este ensayo fué publicado en la Revista Argentina de Clínica Psicológica, Fundación Aigle, Vol III, Nº3; 1999<br />
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La revisión de los textos que hablan de la historia de las civilizaciones nos coloca frente al incesto como una variable cultural incluída en diversas épocas y mediatizada ya sea por pautas culturales que lo admiten como práctica posible, o bien por otra pauta que lo sanciona con mayor o menor severidad.</p>
<p>La actual necesidad de revisar los contenidos que caracterizan a las diversas corrientes de pensamiento, inspiró la conferencia que André Burgière(1997) dictó en la Ecole des Annales, como representante de un movimiento histórico antropológico preocupado por convocar los aportes de psicoanalistas, historiadores, antropólogos y simbolistas alrededor de las prohibiciones y las prácticas que ilustran la realidad del incesto. Burguière se preguntó</p>
<p><em>&#8220;¿ L´inceste, a-t-il une histoire</em>?&#8221; y asi tituló su conferencia en el marco de un tema central propuesto por las Jornadas que se ocuparían de Clinica en evolución, Sociedad en cambio ,formando parte de la temática que convocó la revista L´Information Psychiatrique.</p>
<p>Haber localizado el tema en un área destinada a discutir la evolución de la clínica y las sociedades en cambio,constituye un indicador que ,más allá de los análisis históricos y simbólicos se interroga acerca de la práctica del incesto en nuestros días.(…)</p>
<p>Dada la responsabilidad del padre respecto de la hija/niña y teniendo en cuenta la necesidad de resignificar las que se entienten como responsabilidades de la figura patermna editamos un volumen(Giberti E. -Lamberti S. 1998) en el cual analizamos, desde una perspectiva psicológica y desde una perspectiva de Estudios de Género, junto con una perspectiva jurídica, la legislación argentina que se ocupa del incesto.</p>
<p>Las ideologías, creencias, mitos y prejuicios que, de manera englobada o pormenorizada constituyen el soporte de las argumentaciones que, de acuerdo con la consulta de la jurisprudencia utilizan los jueces, así como la enunciación de los diversos artículos de la ley, nos advierten acerca de la situación juridica-legal en que se encuentra la niña víctima de incesto. (…)</p>
<p>Cuando avanzábamos en territorios de los que se califican como abusos sexuales, encontrábamos la cita del incesto como si se tratase de un item más, quizá&#8221;algo mas grave&#8221;, describiendo al padre como un abusador, y aún como un violador, pero sin registrar que ese abusador ocupa, en la vida psíquica de la niña, el lugar del padre, es decir, un lugar significado por su origen, su historia personal, el vínculo con su madre y sus hermanos, y porque se trata del adulto responsable por la existencia total de la niña.</p>
<p>La revisión bibliográfica que entre nosotros llevaron a cabo Grosman y Mesterman( 1996 )aporta datos clave para el estudio sistemático de los autores que se ocuparon del incesto, y en su obra dedicada al tema señalan la &#8220;naturalidad del hecho&#8221; del incesto según la evaluación paterna, puesto que es el padre quien impone las reglas y las normas en la familia (Maldavsky 1997) de modo que paulatinamente se construye un sistema de creencias que incorpora el incesto como hecho &#8220;natural&#8221;(…)</p>
<p>Existe un supuesto que afirma que &#8220;la mujer debe servir para producir placer al varón&#8221;. Es un supuesto que tiene valor prescriptivo y que, acompañado por otros supuestos socialmente implementados acerca de la condición de inferioridad de las mujeres, generó dispositivos de poder proporcionales con el acatamiento que gestaron las mujeres , si se analiza la historia del género( Duby y Perrot M. 1993) en el cual no faltaron los desafíos y los ámbitos de poder logrados por algunas mujeres en épocas diversas: todo ello en relación estrecha, y dependiendo de las características de cada época.</p>
<p>(&#8230;)La educación que históricamente recibieron las niñas tendió a someterlas a la autoridad parental y específicamente al sujetamiento por parte de los varones de la familia de origen y posteriormente a cargo del marido y de sus hijos,según consta en la historia de la civilización.La etapa niña inaugura la servidumbre destinada a producir placer al varón desde su obediencia-sometimiento (Giberti,1992, 1999)al cumplir con diversos servicios destinados a los varones de la familia:preparar y servir comida,realizar limpieza y otras actividades domésticas; ser alquiladas y explotadas por adultos que en distintas épocas lucraron y lucran con la paidofilia; ser entregadas en matrimonia siendo niñas en busca de incrmento económico de su familia o como intercambio de poder entre regiones-países en busca de alianza ,según consta en diversas culturas.Sería posible enunciar otras prácticas de la misma índole,de modo tal que , entre todas ellas, se configura una situación histórico-social que me autoriza a afirmar que las niñas garantizaron el acatamiento del género porque en ellas se hizo posible un entrenamiento temprano y naturalizado de dicho sometimiento.El acmé de este modelo está representado por el varón- padre que viola y violenta a la niña, sintetizando en una figura masculina las políticas de sometimiento que el género masculino inscribió en las prácticas sociales y que el género mujer, por razones demasiado extensas para fundamentarlas en este artículo, asumió.(&#8230;)</p>
<p>La clínica nos ofrece historias de incesto distribuídas en todas las clases sociales. Inclusive el deslizamiento ideológico de Freud en este sentido nos autoriza a interpretar como prejuicio clasista su adhesión al criterio imperante en su época respecto de las prácticas sexuales de las niñeras y servidumbre de su tiempo :seducción , abuso y malos tratos ejercidos contra los niños que debían atender.La tesis de la época sostenía que estas desviaciones procederían, generalmente,de los miembros de las clases populares.</p>
<p>El texto de Masson (1985) describe la reiteración de los subrayados que hizo Freud en los párrafos de los libros de Tardieu,de Krafft-Ebing, de Bloc y de Moll (volumenes de su propiedad)cuando estos autores responsabilizaban por la seducción a los sirvientes,excluyendo toda información acerca del padre.(…)</p>
<p>En el breve artículo que escribió Emma Eckstein(que fuera paciente de Freud)&#8221;Sirvienta como madre&#8221; editado en 1899,denuncia la desigualdad que impone la ley austríaca cuando debe sancionar a una criada que cometa felonía con un hijo de la familia en la cual trabaja, respecto de la sanción con que se castiga a un seductor de otra clase social. Masson conjetura que Emma conocería la idea de Freud que intentaba derivar la responsabilidad de las seducciones sobre los sirvientes y debido a ello habría escrito este párrafo en su articulo.</p>
<p>Acerca de la circulación de prejuicios que explicitan antagonismos de clase es pertinente remitirse a la investigación Madres Excluídas(Giberti y otras, 1997) donde se exponen los prejuicios de las clases altas y medias acerca de las mujeres que entregan sus hijos en adopción.</p>
<p>La bibliografía que se ocupa de la historia de las niñas es lo suficientemente extensa como para poblar los bancos de datos y me exime de citarla; además estos conocimientos forman parte de lo que Elias(1982)denomina fondo social de conocimiento .</p>
<p>(…)La pretensión de conciliar el abuso sexual con el incesto se encuentra en la clasificación abuso sexual incestuoso , que, si bien podría conformarnos semánticamente, cumple la función de escamotear la clasificación de incesto como delito autónomo incriminable, que es la propuesta del libro Incesto paterno filial.En dicho texto enunciamos las diversas clasificaciones de los abusos sexuales según la clasificación de varios países.(Giberti 1998)</p>
<p>Esta expresión,que pretende contemporizar posiciones teóricas, pone de manifiesto el uso de los canales simbólicos del lenguaje capaces de crear un orden propio y una lógica adaptada a la cultura dominante ocupada en relativizar la gravedad del incesto, y en mantener al padre al margen de la sanción penal que podría corresponderle por tratarse de <span style="text-decoration: underline;">un padre que viola a su hija/niña al mismo tiempo que la corrompe, es decir, que alterna dos delitos diferentes:violación y corrupción en el territorio de la paternidad.</span>(Si bien cuando se juzga se privilegia uno de ellos).<span style="text-decoration: underline;"></p>
<p></span>La sanción actual incluye al incesto en el orden del abuso sexual,ya sea simple,gravemente ultrajante,con penetración o de prevalimiento(arts.119 y 120 Cód.penal,texto según ley 25087). Esta sanción actual,edulcorada por la inclusión del incesto en el concepto de abuso sexual,deja al padre excento de la verdadera naturaleza corruptora del delito,pese a que la corrupcion de menores agravada por el vínculo merezca sanción(art. 125,Cod.Penal texto según ley 25087) Esta inclusión del incesto en las figuras referidas margina al padre de la verdadera esencia del delito que es,en si, autónomo.(Lamberti S. 1998)</p>
<p>Además, dada la extrema dificutad para probar estos delitos intrafamiliares- ya que judicialmente suele oponerse la palabra del padre a la de la niña- aquellos quedan desnaturalizados y prácticamente en muchos casos el adulto queda al margen de la sanción penal, aunque el ,propio cuerpo de la ley prevee penas privativas de la libertad muy elevadas que oscilan entre un mínimo de tres años y un máximo de 20 años de reclusión/prisión: el <em>abuso sexual simple</em> está penado con 3 a 10 años de prisión/reclusión cuando es cometido por el padre; el <em>gravemente ultrajante</em> y el<em>cometido con penetración</em> tiene pena de 8 a 20 años de reclusión/prisión en la misma circunstancia, y el de <em>prevalimiento</em>,pena con prisión/reclusión de 6 a 10 años.A su vez la reforma penal previó,para el delito de <em>corrupción de menores</em> actuado por el padre incestuante la pena de 10 a 15 años de reclusión/prisión (Lamberti S.1999)</p>
<p>La discrepancia entre los contenidos de los diversos rubros de las clasificaciones condujo a que Peters, Wyatt y Finkelhor(1991) encontraran una confusa incoherencia en las definiciones referentes a abuso e incesto cuando analizaron los estudios norteamericanos: rechazaron de plano las cifras de los registros que habían consultado.</p>
<p>Entre nosotros, Diana Goldberg y Maria Kuitca escribieron&#8221;desde el punto de vista psicoanalítico todo abuso sexual debería considerarse incestuoso porque en cualquier convjvencia el niño proyecta la triangulación edípica, fundante de su psiquismo, no asi la consanguinidad&#8221;</p>
<p>La asimetría de la relaciónpadre hija/niña condujo a pensar en términos de paidofilia y parafilias, incluyendo la categoría de infantofilias, según Greenberg y Bradford(1995) ;estos autores organizan su clasificación según la edad de sus víctimas y la edad del agresor.<br />
<strong>Encubrimiento del incesto.</p>
<p></strong>El análisis del encubrimiento social que desemboca en silencio alrededor del incesto nos enfrenta con una paradoja, uno de cuyos términos afirma que hablar del incesto-que implica hablar del abuso de poder- se contradice con el otro término de la ecuación donde encontramos un supuesto que recorre las sentinas de las prácticas sociales y que sustenta la siguiente convicción : al padre le asiste el derecho para disponer de su hija/niña.</p>
<p>Convicción que se transparenta, por ejemplo, en la lectura de los argumentos que utilizan algunos jueces para &#8220;comprender&#8221; las razones que tuvo el padre para llevar a cabo el delito .La lectura de algunos aportes teóricos escritos por psicoanalistas produce el mismo efecto de padre&#8221;comprendido&#8221; es decir, evaluado desde el análisis de su historia que privilegia un segmento de su historia de niño abandonado por su madre y posteriormente descuidado por su mujer. (L.Razon, 1996) (Cyrulnik, B 1995).</p>
<p>En paralelo la clasificación de la madre como&#8221;complice&#8221;(blooming mother)del incesto, culpabilizándola por su tolerancia, abre un capítulo aún no explorado en los estudios de Género(Roccia C. y Foti 1995) ( C.Kofman S. 1997)</p>
<p>Otra perspectiva psicoanalítica fué la que incorporó Freud al crear su teoría de la seducción, indudablemente eficaz cuando puede aplicarse al análisis del mundo fantasmático de niños y niñas, pero peligrosa cuando se la utiliza como escamoteo de la realidad; sucede de ese modo cuando el incesto contra la hija/niña se inscribe como acto físico cuya desmesura conduce a reacciones que pueden considerarse típicas en las niñas víctimas.</p>
<p>Acerca de la primera tesis freudiana, previa a la teoría de la seducción, resulta impostergable la lectura del texto de Masson(1985) El asalto a la verdad.Tanto los contenidos de su búsqueda cuanto los comentarios posteriores acerca de sus descubrimientos, discutiendo la interpretación de sus hallazgos, constituye un modelo de debate teórico-ideológico acerca de una etapa de la vida de Freud ; debate que historiza la sanción social que la Sociedad Médica de Viena hizo recaer sobre el joven Freud y la respuesta de éste al crear la teoría de la seducción.</p>
<p>En ésta se desdice de sus primeras afirmaciones en La etiología de la histeria(1896)donde remite al abuso sexual a cargo de adultos cercanos al niño: &#8220;Ese adulto es quien intodujo al niño en el comercio sexual y mantuvo con él una relación amorosa formal-plasmada también en el aspecto anímico-a menudo durante años.&#8221; (&#8230;)&#8221;Nuestros niños están expuestos a ataques sexuales más a menudo de lo que uno supondría por los escasos desvelos que ello causa a sus padres&#8221;.</p>
<p>El caso Katharina, descripto en los Historiales Clínicos(1893-1895) cita la historia de una joven a quien su padre acosaba sexualmente y &#8220;él intentó engatusarla:´Anda muchacha tonta, quédate quieta; tú no sabes qué bueno es eso´´a lo cual ella respondió´No me gusta lo bueno de usted´ &#8221; En la Epicrisis Freud introduce una nota al pie de página, escrita años después de la primera edición:&#8221;Vale decir que la muchacaha había enfermado a raíz de unas tentaciones sexuales que partían de su propio padre&#8221;.</p>
<p>Su tesis acerca de la etiología de la histeria( la importancia de las experiencias sexuales traumáticas padecidas en la primera infancia como clave de dicha psicopatología) le costó el aislamiento de sus colegas que en esa época pensaban en términos de factores constitucionales para explicar los síntomas histéricos; en cambio Freud exponía al padre como responsable incestuoso, tesis insoportable para el patriarcado que en aquella época reglaba usos y costumbres.Este fué uno de los motivos que condujo a la retractación de Freud:&#8221;Me vi obligado a reconocer que aquellas esenas de seducción nunca habían tenido lugar y que sólamente eran fantasías que mis pacientes habían inventado.&#8221;(Freud 1897) De este modo omitía las evidencias que había aprendido a reconcer,en sus épocas de estudiante al lado de su profesor, Tardieu, profesor de anatomía patológica en Paris.</p>
<p>Asi coadyuvó al encubrimiento de las prácticas incestuosas, puesto que el pensamiento freudiano acerca de las fantasías de niños y niñas se difundió rápidamente y fué promovido por psicoanalistas durante décadas, postergando el reconocimiento de la victimización de las niñas incestuadas. McCarthy (1982) lo sintetiza diciendo &#8220;Al situar el incesto en el mundo de la fantasía, desvió la atención de la realidad del incesto y se retrasó el descubrimiento del abuso sexual en la intimidad de las familias&#8221;.</p>
<p><strong>(…)</strong>La irrupción del padre (…) le exige a la niña enormes esfuerzos psíquicos, desde donde deberá &#8220;elegir&#8221; cómo investir esta nueva relación con él.Esas investiduras producto del modo en que la niña procesa los avatares de la situación incestuosa, podrán modificarse a lo largo de la vida pero la práctica clinica nos muestra la persistencia de resortes traumáticos que se mantienen en la vida adulta,con frecuencia asociados con el silenciamiento de lo ocurrido, yt conducentes a tolerar, sobrellevar, negar o desmentir diversas formas de violencias.</p>
<p>Entre las contradicciones y las paradojascon las que se enfrenta la niña,debemos añadir la dialéctica de una trama afectiva que se creó originalmente entre ella y su padre: espera ser amada por él y lo ama,por lo tanto teme perder ese amor , y al mismo tiempo el padre la posiciona en el lugar de otra índole de amor,que además,para desarrollarse dependerá de la lógica de afecto pre-existente creada en los primeros meses de vida.</p>
<p>Se siente obligada a creer en el amor de su padre hacia ella, pero el dolor físico que puede significarle alguna de las maniobras sexuales, la evidencia de estar engañando a su madre y sus dudas acerca de su culpabilidad en los hechos, facilita la caída de sus sentimientos tempranos de amor y confianza hacia el padre, lo cual produce angustia y sensación de vacío psíquico, como si no pudiera reponerse de su asombro, producto de la desmesura de los hechos.</p>
<p>Esta presencia de la desmesura forma parte de la tesis que incluye dicha vivencia asociada con <strong>la indecibilidad,</strong> es decir, con lo no-narrable de lo que le sucedió. El trauma que le produjo la intervención masculina suele generar una angustia desmesurada que no puede procesar: de allí que sólo registra la impronta pulsional, pero no las huellas mnémicas o las representaciones de lo que sucedió.Se mantien una moción pulsional que suele desembocar en crisis de angustia y particularmente se evidencia en la escolaridad, debido a su incapacidad transitoria para fijar la atencion.</p>
<p>Cuando se sostiene que el padre convierte a la niña en objeto se omite reconocer la existencia de un paso previo: el placer que encuentra el varón en esta práctica se funda en un ejercicio de poder-que Balier(1996 ) describe como perversidad, diferenciándolo de perversión- mediante el cual su proceder se dirige a la subjetividad de la víctima a la cual hace sufrir como persona. En ese punto de inflexión podemos estudiar los movimientos del incestuador en busca de su placer. Entonces es posible sostener que este incesto se inscribe en el orden de la tortura.</p>
<p>Se produce de este modo un fenómeno de desubjetivacion de la niña ( Green A. 1980) (Giberti 1996), de claudicación de su subjetividad, como si permanentemente se dijera:&#8221;Esto no me está sucediendo a mi&#8221; , como efecto de la desmesura de los estímulos que producen intensa confusión.</p>
<p>Este planteo se contrapone a la idesa del consentimiento por parte de la niña;para que el consentir actúe como tal, es preciso contar con reflexión, capacidad deliberativa y capacidad de decisión, niveles judicativos, desiderativos y cognitivos que no estuvieron al alcance de una niña de seis o diez años ante la presión psicológica que su padre le significa.(…)</p>
<p><strong>(…)</strong>Cuando Burguière se pregunta por la historia del incesto, está interrogándose en realidad por la historia de los seres humanos que lo configuran y por quienes sin participár activamente en él, lo observan y analizan.Para lo cual, sin duda, precisamos recurrir al pensamiento complejo que Morin recomienda, para no perder de vista el horizonte,repleto de interrogantes acerca de un tabú que se trampea a si mismo, multiplicándose en su transgresión.</p>
<p></span></p>
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		<title>Parto vertical</title>
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		<pubDate>Thu, 06 May 2010 15:34:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator>diego</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Selecciono párrafos del artículo que publiqué  en el Suplemento LAS 12,  en noviembre 1998 ¿Por qué la verticalidad La historia del parir, que comienza antes que la obstetricia lograra salvar vidas de madres e hijos, ilustra su recorrido con mujeres que durante siglos eligieron sentarse o ponerse en cuclillas para pujar ; negarse a reconocer [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Selecciono párrafos del artículo que publiqué  en el Suplemento LAS 12,  en noviembre 1998<br />
<span id="more-2216"></span><br />
<strong>¿Por qué la verticalidad</strong></p>
<p>La historia del parir, que comienza antes que la obstetricia lograra salvar vidas de madres e hijos, ilustra su recorrido con mujeres que durante siglos eligieron sentarse o ponerse en cuclillas para pujar ; negarse a reconocer esta evidencia no forma parte de los avances de la obstetricia .</p>
<p>La cultura urbana potencia la convicción de las mujeres que asumen la posición acostada cuando deben parir: se supone que internarse en una clínica , obeder todas las indicaciones de los médicos y acostarse forma parte de la tecnologìa más avanzada. Pero la cultura urbana también ignora cuáles son las prioridades del parir.</p>
<p>La posición vertical(sentada, en cuclillas,de rodillas,colgada de un árbol segun la práctica de algunas tribus),es aquella en la cual el torso de la mujer y su canal pelviano oscilan dentro de un ángulo de 45 º y 90º con respecto al plano horizontal.</p>
<p>Una vez iniciado el trabajo de parto la inspiración profunda que realiza la mujer hace descender el diafragma,lo cual se complementa con la acción contráctil de la prensa abdominal: entre ambas acciones se impulsa al bebe hacia la abertura vulvar, como única salida. El bebe, una vez iniciado su descenso ,estimulado por las contracciones uterinas y por su propio peso, no puede retroceder.La posición horizontal neutraliza o entorpece esta mecánica como sucedería si se tratase comer o defecar estando acostadas.</p>
<p>Insertos en la articulación pubiana (en las ramas descendentes del pubis, en la parte interior de la ingle,y muy cerca de la parte interior de la rodilla),se encuentran los músculos abductores.Antiguamente se los llamaba <em>custodes virginitates</em>, custodios de la virginidad, puesto que en el medioevo se sostenía que ante el riesgo de una violación , si una mujer cruzaba fuertemente los muslos( donde se encuentran los abductores)no podría ser penetrada .</p>
<p>Esta musculatora no tiene a su cargo impedir violaciones, sino colaborar en apertura de la sínfisis pubiana, es decir, ayudar a abrir el canal vaginal y la vulva(junto con la impregnación de las hormonas relajantes que produce la mujer) para permitir el egreso del cuerpo del bebe.</p>
<p>Para llevar a cabo esta acción, es necesario que la parturienta esté sentada o en cuclillas, de manera que los músculos se tensen y ejerzan su fuerza sobre la zona que debe abrirse; cuando la mujer está acostada se anula la acción fisiológica de esta musculatura. Acostarla implica privarla de un instrumento clave para parir.</p>
<p>Por otra parte, cuando el cuerpo se encuentra en vertical reproduce el esquema corporal que adquirió durante la niñez para realizar las funciones expulsivas de defecar y orinar, es decir, reproduce el modelo original y pone en marcha la memoria de funciones biológicas naturales.</p>
<p>De este modo <span style="text-decoration: underline;">la vagina adquiere identidad propia, como canal expulsivo, y se diferencia de la vagina en coito como receptáculo activo del pene.</span></p>
<p>Las ilustraciones que muestran el diseño de las sillas que se usaba para los partos recorren la Edad Media y el Renacimiento, así como el momento en que el cuerpo médico sustituye a las comadrones y comienza a ocuparse de los partos. A partir de entonces las mujeres abandonaron la silla y acataron el criterio de los profesionales que actuaban con más comodidad si la parturienta estaba acostada. Tengamos en cuenta que en aquellas épocas, quien recibía al bebe debía arrodillarse delante de la mujer; no era una posición cómoda para introducir las técnicas que los mèdicos proponían, ni resultaría psicológicamente digerible estar arrodillado a los pies de una mujer que está pariendo.</p>
<p>Esta es una de las razones y no la menos importante para que los médicos rechazaran el sillón de parto; éste consta de una prensa hidráulica de modo que puede subirse o bajarse mediante un pedal:en el momento de la expulsión del bebe, el sillón está levantado, separado del piso de modo que el médico no necesita arrodillarse ni agacharse en exceso, ya que la pelvis de la mujer queda a la altura de sus manos. Pero, y este punto es importante : para mirar a la parturienta y dirigir los pujos, el profesional debe mirar &#8220;hacia arriba&#8221;ya que la mujer está &#8220;mas alta&#8221; que él.</p>
<p>Esta es una experiencia fuera de lo común para los médicos, entrenados en dar órdenes a pacientes que están acostados o sentados, por debajo de su mirada o a la misma altura, pero no por encima de él. Una elemental información en topología, que es la disciplina que estudia la distribución de los espacios, nos advierte acerca de la inevitable resistencia que esta situación provoca en estos profesionales.</p>
<p>Los otros argumentos que se pusieron en juego para liquidar los sillones de parto ,que desaparecieron del país, resultan desacreditados cuando se leen los trabajos técnicos de los obstetras que eligen esta forma de parto; entre nosotros los aportes de Rosenvasser y actualmente de Solórzano y de Carlos Burgo, y en los internacionales los textos y los films preparados por Caldeyro Barcia en Uruguay.</p>
<p><strong><span style="text-decoration: underline;">La madre a ciegas, y la madre que mira</span></strong></p>
<p>Cuando el parto se realiza con la parturienta acostada el nacimiento del hijo se produce detrás del vientre materno cuyo volumen oculta lo que sucede tras de èl , donde los profesionales manipulan su cuerpo sin que ella disponga de control acerca de lo que sucede. Tampoco podrá mirar cómo su hijo emerge desde su interior. Acostada no tiene más perspectiva que el techo de la sala de partos; lo que conduce a la vivencia de hijo que le fué&#8221;sacado&#8221; del interior de su cuerpo sin que ella pudiese participar.De este modo se anula la unidad <em>ojo-vagina(vulva) .</em></p>
<p>La ausencia de mirada sobre lo que sucede con su cuerpo y con el bebe la conduce a suponer que es el médico quien &#8220;hace el parto&#8221; y a sentir gratitud hacia él , cuando en realidad se trata exactamente de lo contrario. Si exceptuamos las patologías que pueden presentarse y que demandan la intervención profesional, la que&#8221;hace el parto&#8221; es la mujer; la maniobra del obstetra contribuye a girar, en algunos casos, la cabeza del bebe para facilitar la expulsión.</p>
<p><span style="text-decoration: underline;">Al desactivar la capacidad paridora de las mujeres, la medicina se apropió de sus partos; y merced a la colonización intelectual que padece el género femenino, paradojalmente , las mujeres sienten gratitud hacia los obstetras que las acuestan y las privan de sus herramientas para parir.</p>
<p>También les impiden sentir el placer que significa mirar al hijo cuando éste abandona el interior del cuerpo materno, en ocasiones ayudado por las manos de la parturienta que es quien puede conducirlo hacia afuera,a su nuevo mundo.</p>
<p></span></p>
<p><strong><span style="text-decoration: underline;">Cama, camilla, enfermedad, infantilización</span></strong></p>
<p>Los muebles son portadores de sigificados.Si la experiencia enseña que en el momento de parir las mujeres tienden a sentarse o a incorporarse¿qué significa acostarla en una camilla?En primer lugar, que la naturaleza y la fisiología de la mujer se equivocan : debe mantenerse acostada y asumir el mueble-camilla que la obstetricia reclama para comodidad de los profesionales..Baudrillard lo expresó claramente:&#8221;Elisión de las funciones primarias en provecho de las funciones de relación y de cálculo, elisión de las pulsiones en provecho de la culturalidad.&#8221;</p>
<p>La camilla-cama se asocia con enfermedad y corresponde a las enseñanzas de la medicina asistencial; como se entiende que acompañar a un parto implica un asistir a la parturienta, acostarla es una manera de mantener en orden lo aprendido en la universidad, donde se enseñó que los asistidos-enfermos se acuestan. Lo que a su vez desemboca en la subordinación y en el sometimiento de la mujer que se siente tratada como una enferma sin atreverse a demandar un parto acorde con sus necesidades y sus potencialidades fisiológicas .</p>
<p>En cambio asistir a una mujer que está pariendo sentada o en cuclillas se instituye como desorden topológico para la medicina y como una novedad inquietante , por ejemplo, que una vez expulsado el bebe, la mujer camine por su cuenta hacia la cama. Y, con episiotomía o sin ella, se levante mientras se pregunta&#8221;¿Para qué me voy a quedar internada si me siento bien? Me puedo ir a mi casa y controlarme mañana o pasado.&#8221; Lo cual transforma la internación de tres días por parto en un mero pasaje por la institución sanatorial.Inquietante para la administración delos sanatorios.Desordenante para el narcisismo profesional que debe aminorar su vivencia de éxito ya que el &#8220;mèrito&#8221; del parir queda a cargo de la mujer.</p>
<p>La verticalidad acompañada por la mirada se convierte en soporte de los núcleos adultos del Yo que son los que las mujeres ejercen durante el parto. La tesis que sostiene la regresión de las grávidas que se sienten como si fuesen niñitas,seguramente puede encontrarse en algunas mujeres en particular si durante la psicoprofilaxis le potenciaron el aniñamiento explicándole que &#8220;deberá portarse bien y no gritar&#8221;.</p>
<p>Esos núcleos adultos que pueden expresarse durante el parto son los que colocan a la mujer en la realidad de lo que acontece, mientras que al acostarla se la infantiliza porque se la posiciona como alguien que debe obedecer órdenes y colaborar con la dirección del parto a cargo de un médico.</p>
<p><strong><span style="text-decoration: underline;">Las preguntas claves</span></strong></p>
<p>&#8220;¿Y si es necesario hacer una cesárea?&#8221;. Está previsto por quienes defienden el parto en vertical, porque parece obvio darse cuenta que quienes lo proponen cuentan por lo menos con la misma experiencia obstétrica que quienes lo cuestionan.El sillón de partos que había creado Perrusi se convertía rápidamente en camilla para facilitar una intervención, y la práctica de quienes ejercitan el parto natural, verticalizando a la parturienta cuentan con los mismos elementos que utilizan quienes recurren a la obstetricia tradicional.</p>
<p>La experiencia en psicoanálisis me enseñó cuánto pesa , en la historia de una mujer y en el vínculo con sus hijos, el modelo que se utilice para parir.Si bien la tendencia es olvidarse del momento del parto, lo que ocurre es que se reprime la representación de una mala experiencia; muchas mujeres tienden a narrar el parto minimizando sus vivencias negativas.Pero esas vivencias retornan, de modo inconciente y pueden impregnar diferentes momentos de la vida de esas mujeres, en particular la vivencia de humillación transladada a otras áreas.</p>
<p>La humillación y la subordinación, asi como la infantilización que implican acatar el mandato de parir acostada-aunque quienes así lo hicieron afirmen que se sintieron cómodas y no registren la mutilación &#8211; reclaman la revisión del tema.</p>
<p>Aquellas que aún no transitaron por la experiencia están a tiempo de defender su parición reclamando que sea la cabeza de la mujer la que corone el parir, tal como sucede cuando ella rescata su verticalidad.</p>
<p><strong>Reflexión:Los razonamientos que utilizan determinados profesionales para acostar a las mujeres en el momento de parir, constituyen argumentos al servicio de prácticas tradicionales destinadas a solventar la comodidad del profesional .El acatamiento del genero mujer permite diagnosticar la subordinación de las mujeres a una cultura en cuya construcción no participaron. Y que hoy asumen porque las prepagas no fomentan el parto vertical</strong></p>
<p></span></p>
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		<title>Reir para complacer</title>
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		<pubDate>Thu, 06 May 2010 15:33:44 +0000</pubDate>
		<dc:creator>diego</dc:creator>
				<category><![CDATA[Género]]></category>

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		<description><![CDATA[Publicado en Pagina 12; 10 julio 1998- Suplemento Las 12 Tal vez no ocurra siempre del mismo modo; más aún, me consta que existen mujeres que ante el estímulo de una frase emitida por algunos hombres con aire campechano, y que pretende ser graciosa, reaccionan de manera distinta. Pero vale la pena observar el fenómeno. [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Publicado en Pagina 12; 10 julio 1998- Suplemento Las 12<br />
<span id="more-2214"></span><br />
Tal vez no ocurra siempre del mismo modo; más aún, me consta que existen mujeres que ante el estímulo de una frase emitida por algunos hombres con aire campechano, y que pretende ser graciosa, reaccionan de manera distinta. Pero vale la pena observar el fenómeno.</p>
<p>Supongamos que durante una sobremesa, la conversación entre los hombres y las mujeres se desarrolle de manera cordial y, en determinado momento, uno de los caballeros decide explicar las dudas que surgen del diálogo compartido, con una frase gentil : &#8220;¿De qué nos asombramos?¡Ya sabemos que las mujeres son locas!&#8221;. Frase que también es festejada con risitas por las mujeres que la escuchan.</p>
<p>Supongamos que en otra sobremesa, otro caballero cuenta un chiste subido de tono que implica una descalificación del género femenino; entonces se producirá el mismo fenómeno: risas compartidas entre los hombres y las mujeres que acompañan al narrador.</p>
<p>¿Cuáles son los motivos que conducen a que algunas mujeres acepten, de manera risueña, el agravio o la burla? El diagnóstico indica que esa respuesta forma parte del dispositivo de la complacencia.</p>
<p>La complacencia, analizada en este marco, privilegia una actitud cercana a la tontería y el sometimiento regulados por la presencia enmascarada del placer ; porque la palabra complacencia encierra el vocablo placer (com-placer) que, en este ejemplo, compromete a los protagonistas de una conversación.</p>
<p>Según este modelo parecería que las mujeres que lo protagonizan 1) encontraran placer en ser humilladas, y como efecto de esta humillación 2) producirían placer en los hombres que proceden de este modo; ellos se sentirían autorizados a satisfacer su narcisismo masculino ejerciendo dominio sobre la mujer que lo escucha sin protestar.</p>
<p>El aprendizaje social del complacer se inspira en la creencia de que las mujeres tienen la obligación de producir placer para el género masculino, modelo que tiende a cronificar las distintas formas de sometimiento que aún persisten en algunas congéneres.</p>
<p>Históricamente se les enseñó a las mujeres que &#8220;deben gustar&#8221;. Es decir, que deben ser simpáticas y gentiles, lo que significaría no discutir en situaciones socialmente agradables, sobremesas y fiestas por ejemplo. En particular aceptar los comentarios de quienes disponen del poder.</p>
<p>Este aprendizaje, enlazado con las características de personalidad de cada una se potencia o se neutraliza, según sea lo que se denomina autoestima: a mayor autoestima menor tolerancia a los avances descalificantes que produce el género masculino, enmascarados en la pretensión de ser &#8220;graciosos&#8221;</p>
<p>El entrenamiento en esta clase de &#8220;gracias&#8221; puede observarse en algunos programas de tevé: en ellos cualquier forma de ingenio está ausente, y se apunta al regocijo de la teleplatea incluyendo burlas y descalificaciones a las mujeres que trabajan en ellos.Las cuales , ya sea por cumplir con lo que impone su contrato o porque no les preocupa quedar convertidas en sujeto de chacota pública, asumen la situación riéndose ellas también.</p>
<p>El argumento o las frases con que algunas mujeres justifican estos procedimientos, por ejemplo &#8220;Nunca lo había pensado! &#8221; evidencia la colonización intelectual que impide discernir entre lo que puede admitirse y lo que es intolerable; y cuando alguna congénere replica: &#8221; ¡Pero los hombres no dicen esas cosas por ofender! ¡Solo es un chiste!&#8221;, desconocen la experiencia clínica, la cual enseña que quien se expresa mediante chistes denigrantes del genero mujer, deja al descubierto su hostilidad .Nuestra cultura le enseñó al varón que cuenta con la benevolencia femenina capaz de sobrellevar este lenguaje intencionalmente discriminatorio, carente de ingenuidad.</p>
<p>Los contra-argumentos que ensayan algunas mujeres para justificar su complacencia son múltiples:&#8221; Hay mujeres a las que les gusta que le cuenten chistes verdes&#8221;. Sin duda, pero tengamos en cuenta que la proporción de chistes de esta índole que descalifican al género mujer es significativa, entonces, fatalmente, finalizará acompañando las carcajadas masculinas que festejan la denigración de la mujer protagonista del chiste.</p>
<p>O bien: &#8220;No se puede vivir discutiendo con ellos! Además lo dicen sin mala intención &#8220;. Yo pienso que sí existe &#8220;mala intención&#8221; en el sentido de avanzar sobre el género mujer de modo descalificante, en cumplimiento de una rutina socialmente entronizada; podría admitir que se trata de mecanismos teñidos por el hábito de &#8220;cargar&#8221; a quien se muestra débil o a quien se evalúa como inferior. Si así fuera, resultaría mucho peor. Si alguien argumentara que quizá se trate de procesos inconcientes, convendrá recordar que la calidad de inconciente que impregna nuestras conductas es una producción propia y no ajena.</p>
<p>&#8220;¡Entonces hay que vivir peleando!&#8221;. Sí. En estas situaciones, sí. Porque cuando se persiste en esta índole de complacencia, se promueve confusión en el género masculino, ya que al autorizarle que se coloque en el lugar de un poder denigratorio se estimula la creencia en su superioridad.</p>
<p>Vivir con la sonrisa sin motivo incrustada entre los labios, se parece más a una oferta sexual que a un modelo de convivencia. Esos labios entrabiertos en la sonrisa complaciente fuera de lugar equivalen, simbólicamente, a una vulva que se ofrece.</p>
<p>El arte de gustar, que podría ser la traducción simplista del <em>art de plaire </em>que inventaron los hombres y las mujeres del medioevo, no se sostiene en la complacencia cuya finalidad es gestionar amor y simpatía a cualquier precio. La gentileza no significa tener la sonrisa disponible cuando alguien ataca mediante chistes o expresiones denigratorias instaladas en el imaginario social.</p>
<p>En estas circunstancias se impone una cara seria o una respuesta concreta. Entonces aparece algo interesante : por lo general el varon dispara una respuesta veloz, casi siempre la misma: &#8220;Parece que no le gustó lo que dije&#8221; o algo equivalente. Es decir, se posiciona como víctima incomprendida e intenta desplazar la responsabilidad sobre la mujer, como si se tratase de una cuestión de gustos y ella fuera una persona difícil, a la que todo le cayese mal, y que,además exagerara en su apreciación. Intenta retroceder sin que se note que acusó la marcación hecha por su interlocutora y entonces ensaya invertir el eje de la cuestión , colocando a la mujer, nuevamente, en un papel denigrado: ella es la &#8220;rara&#8221;. En realidad el varón huye de la situación difícil en la que fué colocado, porque no sabe cómo hacerle frente y no se le ocurre disculparse. No resulta difícil asociar la compadrada en el lenguaje con la huída en los hechos.</p>
<p>Cuando una mujer, ante este intento masculino de invertir la situación, contesta: &#8220;No cambie los hechos; no se trata de lo que a mi me gusta, sino de la necesidad que usted tiene de agraviar a las mujeres. Es un problema suyo, no mío&#8221;, quizá se suscite una situación difícil, y necesaria; oponerse al mal trato y poner en evidencia a quien lo ejerce es parte de las responsabilidades que la convivencia demanda.</p>
<p>Proceder de acuerdo con este criterio quizá no aumente el caudal de simpatizantes.Y también puede provocar disidencias entre mujeres. Pero¿con qué hombres pretendemos compartir el diálogo?¿Con los que reclaman complacencia estéril y sometida o con aquellos que prefieren conversar con mujeres que no transijan con ninguna forma de violencia?</p>
<p></span></p>
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		<title>Mujeres en televisión</title>
		<link>http://www.evagiberti.com/genero/mujeres-en-television/</link>
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		<pubDate>Thu, 06 May 2010 15:33:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator>diego</dc:creator>
				<category><![CDATA[Género]]></category>

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		<description><![CDATA[El original de este ensayo fue editado en la Revista Feminaria, en noviembre 1997 Las disidencias y las coincidencias entre los expertos en medios de comunicación desembocan en la tendencia actual que distingue entre los medios de comunicación de masa,1) que se ocupan de entretener y divertir al público, 2) que utilizan publicidad y marketing [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>El original de este ensayo fue editado en la Revista Feminaria, en noviembre 1997<br />
<span id="more-2212"></span></p>
<p>Las disidencias y las coincidencias entre los expertos en medios de comunicación desembocan en la tendencia actual que distingue entre los medios de comunicación de masa,1) que se ocupan de entretener y divertir al público, 2) que utilizan publicidad y marketing y 3) que difunden información y aportes artísticos. Se añade que a fines de la década del 70 (entre nosotros en la década del 80) surgió una tevé acoplada a las relaciones públicas generalizadas -o comunicación generalizada-, que se recorta de las clasificaciones anteriores.</p>
<p>El nuevo modelo apunta a la tecnología y estrategias cada vez más refinadas de la comunicación y de la gestión social . En ellas, tanto la fluidez de la información así como los intentos de seducción, no son meros artefactos o discursos alrededor de la vida; funcionan, al mismo tiempo,como poderosas activadoras de cambios sociales y culturales. Ponen su acento en temas aparentemente consensuales y tienden a lograr el máximo de adhesión, particularmente de quienes son consumidores/as y no solo ciudadanos/as. Resultado de tales estrategias es la aparición de los denominados grupos de audiencia. &#8220;Las mujeres&#8221;(clasificadas por edades, ocupaciones y permanencia en la casa durante los horarios de la tarde) constituyen una audiencia con características propias.</p>
<p>El modelo (comunicación generalizada) no posee un poder inenarrable por si mismo,pero para las empresas ( que les encomiendan a los expertos sus publicidades, sus marketings, sus propagandas de partidos políticos) significa un excelente elemento para intentar reforzar su capacidad de dominación(simbólica y económica).Se reconoce la efectividad del refuerzo cuando, ante la aparición de nuevos modelos o nuevos productos se amplía su público así como aumentan los participantes en sus programas.</p>
<p><strong>De las representaciones</p>
<p></strong>Este nuevo modelo es correlativo con la crisis de la<em> representatividad,</em>que junto con la gobernabilidad son materia de análisis de las ciencias políticas ; remiten a la relación entre Estado y sociedad en lo que se refiere al modo en que los militantes elegidos dentro de los partidos políticos representan a quienes los votan).</p>
<p>Actualmente, también está en juego la idea de <em>representación</em> del género :¿quién representa a &#8220;la mujer&#8221;?¿Qué discurso, qué imagen, personificada por quiénes?Interrogantes que se articulan con lo que psicológica y filosóficamente se entiende por <em>representación </em>que discierne entre el sujeto de la representación y lo representado.</p>
<p>La representación,tal como Freud la describió concentra inquietantes discusiones entre diferentes corrientes psicoanalíticas. Una de ellas postula que dadas las características del actual pensamiento complejo,el análisis de la de la representación es insuficiente para abarcarlo</p>
<p>Estos temas quedan atravesados por la mediatización, es decir, el anàlisis de los efectos que producen los mass media;estos, ¿construyen la realidad? ¿la reproducen?¿ O acataremos la tesis que aportó Baudrillard(1978) al sostener su concepción de simulacro en tanto pérdida de la realidad como referente &#8220;real&#8221; por parte de los medios.? Entre nosotros, EliseoVerón (1983) , en la década del 80, insistió en la producción de la realidad para los medios, diferenciándola de la construcción de la realidad por los medios. El común denominador que sostuvieron diferentes autores apuntó a la hiperrealidad, a la ilusión de verdad y de cercanía , y a la ficción de autenticidad. Hasta ahora las coincidencias oscilan en que los medios <strong>producen realidad y al mismo tiempo, hay una realidad que se produce para ser emitida por ellos.</strong></p>
<p><em></em>La acción permanente y deletérea de los mensajes y técnicas de información que la tevé nos acerca superpone vida pública(espacio público) y vida privada a punto tal algunos autores ya se refieren a &#8220;nuevo espacio público interno, parcial y ambivalente&#8221; (más allá de la actual discusión acerca de qué es lo que se considera formando parte de cada uno de ellos) .Tal vez sea asociable con lo que denominé los &#8220;parafamiliares&#8221; refiriéndome a los conductores de tevé(y de radio) a quien se nombra de modo familiar :&#8221;Lo dijo Mariano&#8221; o bien &#8220;Se lo escuché a Magdalena&#8221;, como si esos profesionales fuesen miembros de la parentela de los /as televidentes.(Giberti E. 1994 )</p>
<p>En nuestros días, el énfasis puesto en la autorrealización, en la demanda de comunicación entre las personas de acuerdo con modelos nuevos (comunicación generalizada, programas interactivos), la individualización creciente, los <em>reality show , </em>en los cuales se finge una comunicación &#8220;más humana y espontánea&#8221;, conduce a la ensambladura de las pautas que acabo de enunciar , en las que se incluye un horizonte de mediatización posible.</p>
<p>Aquello que acaece en el ámbito privado se sabe que puede ser filmado y proyectado en teve; ya sea porque un miembro de la familia cuenta con una cámara de video y filmó el blooper protagonizado por un familiar y que enviará a un progarama de teve, o porque algún vecino informará respecto de una pelea doméstica y aparecerá en el barrio el móvil de un canal.</p>
<p>Las novedades de cada día- aunque no sean filmadas en directo por los medios- forman parte de sus <strong>producciones debido</strong> a la combinatoria de discursos , escenas domésticas y de la vida pública. Los medios registran los cambios que surgen en las instituciones, en la familia, en la escuela y en todas aquellas circunstancias en las que las jerarquías y la autoridad son resignificadas.</p>
<p>El desarrollo que propongo se limita a algunos observables que resultan de mi experiencia en tevé<strong>.</strong></p>
<p><strong>Del representarse de las mujeres</strong></p>
<p>Una vertiente del representar se refiere a la <em>representación</em> que cada mujer tiene de sí misma,y a la <em>representación</em> que el género masculino aporta acerca de quienes constituyen el genero mujer.</p>
<p>Ambas se instituyen como <em>representaciones </em>que contribuyen en la configuración de la subjetividad de género; a la par informan al mundo acerca de las representadas mediante los procesos que organiza el imaginario social, y al mismo tiempo ilustran sus contenidos.</p>
<p>La <em>representación</em> que una mujer se imponga acerca de sí misma podrá coincidir o no con la mujer que algún hombre represente para sí. Esta no necesariamente adherirá a la <em>representación</em> que de &#8220;las mujeres&#8217; tenga el imaginario social de esa comunidad<strong>.</strong> Pero, mientras se mantenga ausente la mujer reconocida como sujeto de goce (en si,para sí y con el /la otro/a) en la dimensión que la Erótica la describe(Giberti E.1984 ) tendremos una-mujer-no-representada.Así como la mujer-madre logró emblematizarse y sustituyó a las otras calidades,posibilidades,etc.de la mujer, y así como contamos con representación de la mujer como sujeto de derecho , se mantiene faltante la representación social que el mito emblematizó mediante la figura de Eva tentada-tentadora en busca del goce compartido .</p>
<p><strong>Los peligros inferidos y también posibles</p>
<p></strong>Los primeros aportes acerca de la influencia que ejercerían las publicidades televisadas sobre el género mujer se evaluaron como riesgos ya que se advirtió que subrayaban los modelos mujer-madre y esposa y la mujer-objeto-sexual .Se sostuvo que la reiteración de esos modelos implicaría una promoción de los mismos además de reforzar la imagen tradicional de las mujeres.</p>
<p>Reproduzco algunos datos que publicó Isabel Larguía( y que nos permiten comparar una lectura,realizada hace años, con las lecturas actuales: &#8220;Un estudio sobre 231 anuncios en teve nos permitió comprobar que los estereotipos que determinan la venta del producto se dividen en 5 grupos femeninos y 5 masculino.Estos son, en orden de frecuencia :Ama de casa , madre compañera y esposa madre, luego Narcisista-Vamp: objeto sexual.Continúa, en proporción estadística, la imagen de Joven Independiente que avala un compromiso entre los dos tipos anteriores: es activa,hace gimnasia, baila, pero no demuestra interés por el estudio o el trabajo. Por fin la Mujer Trabajadora : solo dos avisos las representan :Yerba Unión y Cafiaspirina. En cuanto a la Niña:j uega sólamente con juguetes que se consideran exclusivos de la mujer; es pasiva, inhibida y a menudo requiere que un varón la&#8221; salve&#8221; de una dificultad.</p>
<p>La sintesis estadística : el 38% corresponde a la imagen del ama de casa; el 22 % a la vampiresa, 16 % a la joven independiente; 8 % a la trabajadora y 6% a la niña. Es decir, que un 76 % aparece la mujer como dependiente del varón..&#8221;Nunca fué tan invisible la reproducción privada de la fuerza de trabajo,o sea el trabajo doméstico, como en la teve argentina.&#8221; comenta Larguía. Si bien las diferencias impusieron sus novedades y hoy son otros los avisos, no han cedido en lo que hace a los contenidos patriarcales</p>
<p>Corroborando el texto de I.Larguía,desde otra perspectiva Margaret Gallagher( escribió :&#8221;Un número abrumador de investigaciones norteamericanas y europeas indican que, en lo tocante a la participación real de las mujeres en la fuerzade trabajo,todos los medios de comunicación representan insuficientemente a las mujeres trabajadoras&#8221;</p>
<p>En un informe preparado por E.Bonilla de Ramos( , la autora analiza la relación entre los medios y las mujeres colombianas,&#8221;Al presentar a la mujer como ama de casa, los medios de comunicación captan un aspecto de la realidad femenina de incuestionable actualidad y relevancia en el funcionamiento de la sociedad, y un aspecto que es definitorio de la mujer y de su relación con esa sociedad. Distorsionar no es sólamente falsear la realidad, sino también realzar aspectos secundarios presentándolos con un peso que no les corresponde.Este no es el caso de la presente discusión.El trabajo doméstico constituye un aspecto central en la vida de las amas de casa&#8221;</p>
<p>Otra es la perspectiva de Graciela Maglie(1989) que, sin desconocer la realidad decripta por estas autoras apunta a una visión esperanzada:&#8221;Creo que los medios de comunicación junto con los sistemas educativos definen ámbitos cruciales que no pueden ser abandonados desde una visión &#8220;reproductivista&#8221; como inexorables inoculadores de las ideas dominantes, en este caso reproductoras del sexismo de la cultura.El desafío está en poder visualizarlos como espacios cosntitutivos de la sociedad que aspiramos a transformar.&#8221;</p>
<p>Teresa De Laurentis(1989) , desde una teoría del cine, advierte acerca de la inconveniencia de plantear las antinomias bueno/malo que aluden a los estereotipos que se presentan mediante las imágenes, como si a partir de ellas se manipulase inevitablemente al genero, ya que aceptar este supuesto indica una muy pobre evaluación de la capacidad de la que disponen las mujeres para mensurar los contenidos que se le ofrecen.</p>
<p><strong>La pertinencia normativa</p>
<p></strong>Avanzamos entonces en territorios de creencias, mitos y estereotipos que forman parte de esa experiencia. Cualquiera de ellos cabalga sobre instancias complejas que forman parte de los imaginarios sociales y de los universos simbólicos , algunas de las cuales son subrayadas por los aportes de la tevé.</p>
<p>La condición estereotipada de dichos modelos identificatorios e imitativos permanece invisibilizada , más aún, algunos de ellos adquirieron caracter de naturalización(aquellas que remiten a la exclusiva responsabilidad del genero mujer en las tareas domésticas y la crianza de los hijos , por ejemplo).Es decir,los modelos que muestra la teve pueden adquirir caracter de <strong>pertinencia normativa.</strong></p>
<p>Dicha <strong>pertinencia</strong> incrementará su eficacia si sus contenidos constituyen parte o momentos de la propia biografía, y es desde esa perspectiva que se les otorga legitimidad. En particular debido a que el genero mujer no fué entrenado en una lectura crítica de los hechos y circunstancias de la realidad ; por otra parte, el género está implicado, históricamente,en el mantenimiento de creencias, mitos y estereotipos, ya sea desde una participación mínima (escuchar lo que otros dicen), o ser sujeto protagónico de hechos que se rigen por códigos derivados de prejuicios o estereotipos. Más aún ,todos ellos (mitos, estereotipos y creencias), funcionan ligados a otras historias que ,a su vez, forman parte de la biografía del mismo sujeto.</p>
<p>De modo que sostener, o achicar , o desactivar una historia personal relacionada con lo que la teve ofrece, producirá efectos en las otras historias de la propia vida, rizomáticas o confundidas entre sí como el agua de los vasos comunicantes .</p>
<p>Los Estudios Culturales(GROSSBERG L, NELSON G y TREICHLER P. 1992)</p>
<p>se ocuparon sistemáticamente del tema junto con los problemas que plantean las diferencias entre razas, edad y orientación sexual ;los antagonismos posibles dentro de de cada área o en su interconexión no pueden excluír la pertenencia a clase que es capaz de alterar la pertenencia a cualquiera de esos sectores.</p>
<p>Entonces podríamos proponer la existencia de una tensión entre ambas posiciones, la apocalíptica y la integrada, al decir de Eco , o sea la que advierte acerca de la amenza que significa la tevé que propne modelos negativos del género mujer,y la que apuesta a la capacidad de discernimiento de las mujeres para juzgar lo que le muestran.Esta tensión, evidencia <strong>una política de legitimación de los contenidos visuales y auditivos que proporciona la teve</strong> , los cuales se institucionalizan mediante las propuestas sociales,politicas, psicológicas que parten de las publicidades y de sus programas.</p>
<p>Es decir, inevitablemente se compromete-ya sea que se acepten las propuestas de la teve o que se las rechace-la dinámica del mundo imaginario in conciente, conciente, personal y social , además del compromiso de los componentes simbólicos propios de cada subjetividad.<strong> </strong>Convendrá tener en cuenta la importamcia que adquirieron los medios en lo que hace a la subjetividad;ya no se trata de analizar prioritariamente la eficacia de las pulsiones,la historia, etc. en la constitución de subjetividades sino de tener en cuenta que tanto pulsiones.identificaciones,historia,etc. están asociadas inevitablemente, al efecto de las producciones de los medios.<br />
Las mujeres que trabajan en publicidad , dentro del área de la imagen que se proyecta en tevé y forman parte de los avisos que las incluyen en la recomendación de determinados productos, constituyen un universo con características propias. Ese universo se diferencia del que configuran aquellas mujeres que trabajan en tevé ocupando otros espacios: conductoras, comentaristas, invitadas ,actrices.Centraré el artículo en la imagen,porque así fué planteado en su origen,pero queda pendiente un análisis de los discursos que acompañan a la imagen y que son fundantes para la comprensión, aceptación o rechazo de la misma.</p>
<p>Un comentario de Goffman(1977), cuando se refiere a los ritos distingue los hechos de la vida real de las escenas publicitarias,y señala que la standarización,la exageración y la simplificación propias de los rituales adquieren un grado superior de elaboración mediante los discursos de la publicidad, ya que dichos discursos aparecen aislados del contexto que rodea a los ritos. De allí que describa a la publicidad como una hiperritualización.</p>
<p>Para aquellas que utlizan su imagen como herramienta de trabajo, consignaremos la descripción de imagen que se refiere a la representación psíquica ( visual-auditiva que forma parte de su subjetividad) que la mujer tiene de sí misma y que incluye su cuerpo valorizado en tanto figura no sólamente estética sino capitalizable.Los imaginarios sociales enfatizan dicha significación.</p>
<p>Ambas instancias se sostienen en la palabra &#8220;modelo&#8221;(trabajar &#8220;de&#8221; modelo) ; la aplicación del vocablo implica una designación, es decir, actúa en quien la utiliza y en quien la escucha gestando su propia significación mediante su potencial ilocutorio. No caben dudas acerca de lo que significa estar incluída dentro de un modelo(el que proponen las modelos mediante la moda) o fuera de él; a lo que añadimos la producción de unidades discursivas que asocian al modelo que la modelo representa con una vida placentera y triunfal,social y económicamente.</p>
<p><strong>&#8220;Trabajar de imagen&#8221;</p>
<p></strong>Aquellas que &#8220;trabajan de imagen&#8221; reciben dinero a cambio de dicha exposición lo cual implica relaciones de producción y de jerarquía social,en uno de cuyos extremos se encuentran quienes las contratan,les pagan o las despiden.</p>
<p>El trabajo que se les demanda incluye maniobras técnicas que sean capaces de gestar imagenes seductoras o interesantes para el público; pueden lograrse mediante el vestuario, el maquillaje (Giberti 1987-89),las actitudes,los textos utilizados,etc.</p>
<p>Los notorios cambios en las costumbres que se advierten en numerosos segmentos de los universos sociales ,en cuanto a la autonomía de las mujeres, ingresan parcialmente en algunos avisos publicitarios. En algunos de ellos se mantiene lo que Ana Amado(1989) denominó &#8221; la imagen metafórica del combate en la cual la fuerza masculina busca imponerse a la eterna negativa-más simulada que real- de las mujeres. De este imaginario cultural extendido suele desprenderse la idea de que el deseo femenino es subordinado ya que depende de la iniciativa del hombre para su realización&#8221; Cito este texto ya que este combate mantiene su eficacia al enfatizar en los méritos que debe hacer diriamente una mujer para ser objeto de deseo del varón , de acuerdo con los discursos tradicionales.</p>
<p>La mujer que &#8221; trabaja de imagen&#8221; aporta un cuerpo para que de él se extraiga un producto :su ocupación reside en producir consumo mediante el cuerpo convertido en materia prima . Lo mismo ocurre con el varón, pero la diferencia radica en que el varón-modelo habla y procede como lo haría un hombre. A veces idealizado, siempre valorizado, aún cuando se lo ridiculicce ya que se intenta generar simpatía hacia su personaje .</p>
<p>En cambio, la subjetividad de las mujeres (como categoría histórica) que &#8220;trabajan de imagen&#8221; queda dislocada por la superposición de discursos :los que podría emitir si representase a una mujer con conciencia de género y aquellos que le adjudican los mensajes publicitarios.</p>
<p>Si la que trabajase fuera una modelo con conciencia de género,la reiteración de los modelos elusivos de la subjetividad femenina podría colocarla en una situación paradojal(Grupo de la Paradoja 1989):la de ser diferente de quien ella es cuando es modelo. Mostrándose diferente de las demás, es al mismo tiempo, igual que las otras mujeres.Esa condición / calidad de &#8220;ser como las otras&#8221; es ineludible para ser reconocida como modelo identificatorio o imitativo para el público de mujeres. Al mismo tiempo debe exhibirse en mejores condiciones que las otras para ser admirada ya que aporta como significantes, por ejemplo, la capacidad de ahorrar comprando mejores productos (más económicos), o la inteligencia advertida (se equivocan quienes no consumen aquello que ella promueve) ,y también la seducción más sugestiva.</p>
<p>Quienes &#8221; trabajan de imagen&#8221; , cualquiera sea su papel, saben o presienten que actuan en el nivel de la competitividad(Crivelli L. , Gatica A.,Vidal L.1996) entre mujeres, es decir, dentro del ámbito de posibles tensiones entre &#8220;la mujer que ellas representan , y las mujeres que miran la pantalla de teve, las cuales suponen que ella realmente es semejante a la modelo que se muestra&#8221;, aunque no ignoren la ficción .</p>
<p><strong>¿Solamente victimas de la teve?Es una afirmacion prejuiciosa.</strong></p>
<p>No todas las mujeres ingieren las sugerencias televisadas ni las transforman en mandatos, y la teoría de la persuación -permanentemente desacreditada por los aportes de quienes se oponen a una pretendida manipulación total del público televidente- no alcanza para convertir al género en víctima de las publicidades televisadas; no obstante es pertinente rescatar como hipótesis sus niveles de eficacia probable :&#8221;Los medios de comunicación no sólo nos reflejan ,también nos moldean , atenúan, exacerban, o instan a tener determinados comportamientos&#8221; , escribe Adriana Santa Cruz(1989)</p>
<p>Las respuestas que aportan las imagenes proyectadas: mujer-esposa-y-madre y la mujer-seductora-sexualmente funcionan como obturantes de una pregunta siempre renovada que proviene del esforzarse de la pulsión en busca de saber.</p>
<p>Cuando la mujer se compromete en el inquirir, apuesta a su imagen íntima(resguardada por su subjetividad) , que se expresa mediante lo que le pregunta a las imágenes que se le ofrecen. Introduce dudas y objeciones y se opone a la pretensión de rematar su reflexión acotándola a la imagen triunfante de la modelo.</p>
<p>Aquellas que no revisan lo que se les ofrece y repiten contenidos publicitarios, fueron calificadas como &#8220;patos sentados&#8221; por los estadounidenses, denominación que corresponde a las mujeres que transcurren su día sentadas delante del televisor . Este punto abre un largo capítulo respecto de lo que puede repetirse, habiéndolo escuchado en teve, sin que provenga de la publicidad.</p>
<p><strong>El Duque de Mantua entre el capitalismo y el efecto placebo</p>
<p></strong>Los estereotipos mujer-madre-y- esposa y mujer-objeto-sexual, utilizados para condenar las producciones de teve, ya sea en sus publicidades cuanto en sus programas, funcionan como obstáculos epistemológicos, al decir de Bachelard, que cristalizan o dificultan la realización de otros análisis relativos a la mujer como sujeto deseante.Dicho obstáculo bloquea el registro de las complejidades que ofrece la proyección de imágenes en pantalla, así como de la emisión de discursos . Estas son dimensiones que construyen redes de sentido que precisamos continuar estudiando dada sus constantes resignificaciones .</p>
<p>El contexto capitalista que no sólo decide la producción de programas y publicidades , no es ajeno a las modificaciones de la subjetividad de la niña, de la adolescente y de la adulta, jaqueadas por las exigencias de fragmentación y de velocidad que caracteriza la época.</p>
<p>La capacidad para eludir determinadas rigideces, es probable que exista como aptitud de innumerables mujeres,lo que les facilitaría instituírse a sí mismas más allá de los ordenadores que se estiman &#8220;básicos para la personalidad femenina&#8221;.Esta capacidad-aptitud les permitiría reaccionar y proceder según diferentes estilos y modelos que las representan (aunque sean distintos y las muestren como personas diferentes). Algo así como &#8220;ser varias al mismo tiempo&#8221;</p>
<p>Esta aptitud, que facilita jugar distintos papeles, sin que ello implique engaño ni actuación psicopática, sino plasticidad y capacidad para adecuarse a diversas circunstancias, se evaluó, a través de los siglos, como flojera superyoica y travestismo psíquico del género. Es la creencia que se apoya en una evaluación denigratoria y deformante de dicha aptitud . La inmortalizó Francesco Piave,el libretista de Rigoletto, quien escribió, para Giusseppe Verdi una versión libre de <em>Le roi s´ amuse</em>, de Victor Hugo.En el tercer acto, el Duque de Mantua &#8220;canta una cínica canción en la que expresa su desdén hacia las mujeres :&#8221;La donna è mobile / cual piuma al vento/ muta d´accento / e di pensiero&#8221; (POSA E.1985)</p>
<p>La atribuída volubilidad del género , merced al apoyo que la teve implica ,puede verse favorecida al encontrar una multiplicidad de modelos identificatorios,que no es lo mismo que imitación. Es una alternativa para el cambio,(como alternativa de la subjetividad) , al sustraerse de las rigideces que marcan &#8220;cómo debe ser una mujer&#8221;. Ya que ese &#8220;como debe ser&#8221;, aunque apunta a rigidificar estereotipos, también ofrece contramodelos en relación con los originales <strong></strong>Esos contramodelos aparecen en pantalla como mujeres capaces de actividades extradomésticas<strong>. </strong>Al mismo tiempo la plasticidad de algunas mujeres permite el juego de quien ensaya formar parte de las huestes televisíacas al asistir como público-en-cámara a los estudios de teve,ya sea en actitud provocativa ,tímida,o &#8220;natural&#8221;.</p>
<p>Esta mecánica, asociada a los aportes de la teve, opera en niveles simbólicos e imaginarios a partir de la idea y de la sensación-percepción, de <strong>reunirse a distancia </strong>con los modelos propuestos. Sensación semejante a lo que W.Benjamin denominó &#8220;el rastro&#8221; :&#8221; La aparición de una cercanía por más lejos que esté aquello que dejó atrás&#8221;</p>
<p><strong>Reflexiones actuales(1997)</p>
<p></strong>Me parece que la enunciación mujer y teve arriesga convertirse en materia prima de la historia( valiosa como discusión acerca del genero)descuidando su utilización para ensayar una acción modificadora de la realidad social.Esta idea, &#8221; acciones que puedan cambiar la realidad social &#8221; es antigua, repetida,lugar común. Cabe reproducirla ya que arriesgamos intensificar el estudio histórico (de las mujeres en teve) omitiendo la correspondencia de esta intervención mediática de las mujeres-que trabajan en tevé y que miran teve-con la realidad.</p>
<p>La<strong> </strong><em>lógica simbólica</em><strong> </strong>que resulta de la intervención esclarecedora de los discursos producidos por algunas mujeres ,es eficaz como advertencia transitoria y como formadora de opinión, pero no logra perdurar lo suficiente dado que las&#8221; mujeres mediáticas&#8221; entrenadas en temas referidos al género no consiguen incluírse de modo sistemático en los medios. Es decir, tener representatividad .Su <strong></strong>discurso <strong></strong>se hace sentir en los circuitos de opinión, y desde allí se inserta y articula con el imaginario personal y social . En cambio, la<em> lógica</em> <em>simbólica </em>que coadyuva en la toma de sus decisiones se mantiene para muchas mujeres en territorio de acatamientos a las lógicas patriarcales..</p>
<p>Cabe subrayar que los efectos -aunque coyunturales- de algunos discursos expuestos por mujeres, son relevantes para informar acerca de las problemáticas de genero, ya que las posiciona en nivel de<strong>transparencia.</strong>Las visibiliza y las torna potables para integrarse en las modificaciones enriquecedoras de las subjetividades.</p>
<p>No es un camino hacia las conformidad,sino un planteo asociado con la crisis de la representación que excede la representatividad ( como parte de la tarea de los partidos políticos,) para insertarse en <strong>las politicas (sociales, familiares y públicas)</strong>. Es decir, se trata de la representación de los problemas de género en <strong>las políticas</strong>; y de la representacion que cada mujer tiene de si misma(psicológica ,filosófica,y de genéro) entendida como un componente fundante de esas <strong>políticas </strong>cuando éstas se articulan <strong>con</strong>., se integran <strong>a,</strong> o se diferencian <strong>de</strong> la realidad .</p>
<p><em>Utilizar la pantalla chica para <strong>existir</strong> y no sólo para <strong>aparecer</strong>,constituye una responsabilidad que permite algo más que exponer las problemáticas del</em> <em>género</em>: Cada vez más se reconocen las propuestas que planteamos en busca bienestar para todos y para todas,así como avanzamos en reclamo de justicia, (sin inventar futuros carentes de conflictos). Lo que en ellos digamos y pongamos en práctica coadyuvará-como ya lo está haciendo- en la modificación de la percepción social que nos adjudica estrategias sensibleras y exhibiciones narcisistas exclusivamente.</p>
<p>Las políticas de los medios intentaron mantenernos dentro de las concepciones tradicionales pero tuvieron que acogerese al ritmo de los tiempos ; equilibraron los programas con la presencia de mujeres,capaces de plantear otras alternativas y ofrecer un modelo pluralista y por momentos transgresor de las pautas canónicas.Es decir cuando es posible articular,escindir,y mantener la contradicción y la tensión.</p>
<p>Desde la literatura,las leyes, los cambios sociales en general se facilitó un nuevo encendido en los procesos cognitivos, desiderativos y críticos de las mujeres, en combinación con las imàgenes cotidianas de la teve.Yo creo que la escena mediática es territorio histérico,prometedor, frustrante , capacitador e incanjeable.Que no podemos asumir en triunfo y tampoco en derrota.Es una porción de imaginario encarcelado que se insurrecciona en clave simbólica.Podemos entrar y salir de ella,o bien enmarañarnos con sus cables , o meternos en sus vísceras para &#8220;salir al aire&#8221;</p>
<p>Pero si nos mantenemos ajenas, distanciadas y mascullantes contra la pantalla chica, limitaremos la escucha de los hombres, de las niñas,de los niños, de las mujeres.</p>
<p></span></p>
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		<title>Mariela Muñoz, el derecho a la diferencia</title>
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		<pubDate>Thu, 06 May 2010 15:32:45 +0000</pubDate>
		<dc:creator>diego</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p>Clarin, 27 de mayo 1997Eva Giberti<br />
<span id="more-2210"></span><br />
En 1993 un escándalo novedoso saturó las pantallas de tevé: Mariela Muñoz reclamaba su derecho de continuar con la crianza de las criaturas que le habían sido confiadas por sus madres de origen y que la justicia amenazaba con quitarle. Alguien había &#8221; denunciado&#8221; que Mariela era transexual. Ella ya había educado a otros hijos- en ese entonces adultos- que salieron rápidamente en su defensa.</p>
<p>Ante el riesgo de perder a los niños que criaba ,Mariela recurrió a los medios y solicitó la comprensión y el apoyo de la comunidad. por primera vez el público debió tomar partido ante un problema que le resultaba extraño, extravagante quizá, pero que capturaba su interés.</p>
<p>Mariela, que desde su infancia se había sentido psiquicamente ajena a su cuerpo de varón, apelò a una intervención quirúrgica que desprendió sus genitales masculinos, y también se sometió a la eficacia de la química hormonal para regular su fisiología.</p>
<p><strong>¿A favor o en contra?</strong></p>
<p>Podríamos suponer que , cuando alguien identificado como varón, eligiera transformarse en mujer, o sea, decidiera prescindir de algo sumamente valorado por una culrura patriarcal , no contaría con la simpatía del público.Sin perder un instante,radios y empresas televisivas organizaron encuestas para averiguarlo : la gente¿ estaba a favor o en contra de Mariela?</p>
<p>Las respuestas autorizaron a conjeturar que la comunidad apoyaba a esa Mariela que peleaba por defender su vínculo con aquellos niños a quienes consideraba sus hijos ; las respuestas no incluyeron ira ,burla u horror ante el desarraigo de los genitales masculinos- como había sucedido tiempo atrás a raíz de algunos programas televisivos-sino que expresaron simpatía ante la vocación maternante de Mariela.</p>
<p>Aparecieron nuevas redes de sentidos acerca de la significación de &#8221; lo masculino&#8221; y&#8221; lo femenino&#8221; ya que la novedad del episodio evidenció la existencia de personas que, siendo diferentes a la mayoría de la población, se convierten en noticia porque aman. Ajenas a los estilos convencionales en cuanto a su manera de crear vínculos, incluyen su propio estilo de amor; en este caso hacia niños que Mariela convirtió en sus hijos. Hechos que autorizan a suponer un deseo de hijo distinto del que se gesta entre los hombres y las mujeres.</p>
<p>En el ámbito del que se denominó caso Mariela, el deseo de criar hijos y la defensa del vínculo con los niños se transformó en un dato público que, entre otras variables, permitió evaluar desde otra óptica el modelo tradicional que regula la vida de innumerables familias.</p>
<p><strong>Cuerpo ajeno</strong></p>
<p>La figura de Mariela defendiendo su maternidad marca un punto de inflexión en el análisis de las transexualidades porque el tema ahora adquiere otra dimensión en la cual se juegan las perspectivas de los derechos humanos y de la legislación antidiscriminatoria. Tal como los medios relatan la decisión judicial, actualmente no se apuesta a una maternidad capaz de sensibilizar a la comunidad :ahora el territorio es otro. Compromete la identidad civil de las per sonas que, a pesar de su anatomía, no admiten ser consideradas varones,más allá que sus documentos las identifiquen como tales. Defienden su derecho de no acomodarse dentro de un cuerpo que les resulta ajeno , y a no adaptarse a exigencias sociales que los incluyen dentro del género masculino. para lo cual reclaman la posibilidad de una intervención quirúrgica que intercepte la producción original de la anatomía y los defina como psíquicamente necesitan ser: integrantes del genero denominado femenino.</p>
<p>Pero la maternidad no es-necesariamente -el eje de sus anhelos.Mariela fue transexual,lo que no significa que la modificación corporal de quienes son transexuales esté determinada por la necesidad de criar hijos.</p>
<p>A partir de la sentencia actual,la responsabuilidad y el esfuerzo de la comunidad por entender los problemas de la transexualidad , es mucho mayor porque se cuenta con el argumento de Mariela cuya decisión maternal fué capaz de borrar o postergar el asombro y el rechazo que puede producir en una sociedad patriarcal como la nuestra, quien se despoja de sus genitales masculinos y los canjea por la posición social de una mujer. Lo primero que se supone es que se trata de una persona trastornada.</p>
<p>Pero sabemos q ue clasificar como locura aquello que no se conoce constituye una simplificación que tiende a evitarnos el dolor psiquico que resulkta de no entender algo.Así como afirmar que lo no convencional es aberrante,también es una simplificación, o argumentar contra los transexuales en nombre de la Naturaleza( ¡Nuestra querida Naturaleza de la infancia! ¡Tan transparente y previsible como aparecía en los textos escolares!Hoy en día asediada por los embiones congelados,los donantes anónimos de esperma y los clonados en ciernes).</p>
<p>Actualmente se trata de pensar en términos del derecho a la diferencia(en tanto y cuanto no dañe a otros).Mariela introdujo un antecedente para otras personas, pero no olvidemos que inicialmente se consagró como mujer porque habló como una mamá. No pasa por allí el derecho a la diferencia que acaba de sentar un precedente.</p>
<p></span></p>
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		<title>El ombligo del género</title>
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		<pubDate>Thu, 06 May 2010 15:32:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator>diego</dc:creator>
				<category><![CDATA[Género]]></category>

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		<description><![CDATA[Este ensayo reproduce parcialmente un capítulo del libro compilado por M.Burin y E.Dio, editado por Paidos,1996 Psicoanálisis y estructuralismo. Psicoanálisis y marxismo. Ahora psicoanálisis y género.Tentativas que evidencian el carácter plástico de la teoría psicoanalítica, capaz de articularse con distintos temas y orientaciones globales que van surgiendo de la cultura. Cabe preguntarse cuánto ha decantado [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Este ensayo reproduce parcialmente un capítulo del libro compilado por M.Burin y E.Dio, editado por Paidos,1996<br />
<span id="more-2208"></span></p>
<p>Psicoanálisis y estructuralismo. Psicoanálisis y marxismo. Ahora psicoanálisis y género.Tentativas que evidencian el carácter plástico de la teoría psicoanalítica, capaz de articularse con distintos temas y orientaciones globales que van surgiendo de la cultura. Cabe preguntarse cuánto ha decantado de los aportes realizados por los enlaces que precedieron a psicoanálisis y género, cuánto enriquecieron la teoría psicoanalítica las ondas expansivas del marxismo y el estructuralismo; y, al mismo tiempo, advertir la diferencia que implica referirse al género cuya ideologización nos abre interrogantes con perfiles políticos propios.</p>
<p>¿De qué psicoanálisis hablamos&#8230;? ¿ De Freud analizando a sus pacientes, de Melanie, de Jacques, de las instituciones que se ocupan de estudiarlo? ¿De los psicoanalistas que acaban de descubrir el género y, después de treinta años (aproximadamente) de publicaciones a cargo de las teorías del feminismo y de mujeres psicoanalistas que revisaron las categorías del psicoanálisis, advierten que sería oportuno empezar a hablar del tema?</p>
<p>Cuando se polemiza con una ideología dada (el paradigma de la superioridad masculina) se genera una producción ontológica que, siendo a su vez ideológica, se mantiene alerta al respecto. De allí que los estudios de género, más allá de la estricta necesidad política de esclarecer al género mujer respecto de sus subordinaciones, no descuide el análisis de los posicionamientos de los varones y de los antagonismos y oposiciones entre ambos géneros.</p>
<p>No sería conveniente sostener hipótesis de neutralidad para un concepto que abarca al 52% de la población mundial y que pone al descubierto su contribución al Producto Bruto de cada país: la ingenuidad en materia económica no es patrimonio de la idea de género. La conciencia acerca de esta no-neutralidad es la que impide distraernos frente a este empalme psicoanálisis y género, llevándonos a suponer que aquí no habría ideologías en juego. En lo que a mí respecta, soy tan sospechosa de ideologizar como Nietzche lo predica del quehacer humano.</p>
<p>Género es un dato que transcurre sus avatares sin poder prescindir del sexo, y también podríamos acordar en que la cultura greco latina acunó buena parte de los contenidos y modalidades de nuestro pensamiento (me refiero a mujeres blancas, occidentales, clase media y sin cruza de etnias aborígenes que podrían responder a otros órdenes mitológicos). Pues bien, <em>sexo</em> no es palabra de la que dispusieran los griegos en su vocabulario. Utilizaban una noción abstracta homogénea y unificada de varón y mujer, asociadas con &#8220;las predicaciones de &#8216;menor&#8217; o &#8216;débil&#8217; o &#8216;incompleta&#8217; o &#8216;más fría&#8217;; ellas explicitan en el plano biológico, psicológico y social, la radical e irreductible diferencia de la mujer frente al varón&#8221;(Campese, 1983). Esto no significa que el concepto de sexo, faltándole una correspondencia lingüística, no existiere en el mundo griego. Lo que quiere decir es que la noción de sexo no se formalizaba como unidad funcional de hombre y mujer sino que se expresaba únicamente a través de representaciones de la asimetría y complementariedad entre ambos, que aparecían permanentemente indicadas a través de adjetivos abstractos. La literatura de tipo político, poético o narrativo introducía temas sexuales o eróticos, así como la interpretación de los sueños y la lógica mítica-romanesca pero sin remitirse a &#8220;saberes&#8221; referidos al sexo. Estos quedaban a cargo de la ciencia sexual, la ginecología, dedicada a la higiene y asistencia del cuerpo de la mujer, ya que ésta permanecía al servicio de la higiene sexual del varón.</p>
<p>Las contribuciones de la cultura griega acerca de la obediencia prevalecieron -prevalecen- a lo largo de siglos: la mujer, el niño y el esclavo constituyen la condensación metafísica del obedecer.(Giberti, 1992a) La inclusión del esclavo no puede menos que recordarnos a Hegel, (que tanto irritó a Carla Lonzi (1990)) cuya idea del amo remite a la conciencia inmediata, la posesión, así como el esclavo a la producción con los medios que el amo le aporta (más adelante retomo esta perspectiva). Y, a partir de aquí, la desesperada dialéctica hegeliana que, conjuntamente con Marx, tratarán de desanudar la galleta cartesiana y las intuiciones de Spinoza: ¿qué sucedía con las figuras de la conciencia y la historia? Freud no vivió alejado de tales preocupaciones y es probable que su teoría psicoanalítica, como sostiene Yáñez Cortés (1994), fuese un modo de captar al sujeto a través de una filosofía del aparato psíquico, que no lograba excluir las omisiones y desconocimientos de los filósofos consagrados respecto del tema mujer. De los encuentros y antagonismos-oposiciones que surgen del binomio hombre-mujer resulta una criatura que, merced al ombligo tala, para siempre, el dormir original. El que fecundó la cavidad femenina con la promesa de una simbología por venir.</p>
<p><strong>Los ombligos del mundo</p>
<p></strong>¿Dónde situamos al ombligo del mundo? Se dice que la Piedra Negra de la Caaba señala el lugar. También Jerusalém. Pero el onfalo más famoso estaba en Delfos y según Aristóteles e Hipócrates, Delphús es útero. No en vano los vapores que surgían de las entrañas de la tierra se consideraban producto de lo desconocido, que solamente podría hablar por boca de las pitonisas (empleadas del templo a las que los sacerdotes inducían visiones por medio de alucinógenos). Homero, para referirse a hermanos gemelos, decía Adelphos, provenientes del mismo útero y en el arte sepulcral romano aparece con frecuencia el delfín, considerado pez-útero.</p>
<p>Fue en Delfos, donde Hércules se enteró de que los dioses lo habían condenado a un año de esclavitud (Tibon G., 1979). Se embarcó con rumbo a Asia y fue vendido a la reina Onfalia, la del hermoso ombligo. Se enamoraron. Sus amores se recuerdan porque ella adoptó la ropa masculina de él, vistiéndose con la piel del león de Nemea (producto de una victoria de Hércules). Ataviada de ese modo, Onfalia pasaba sus días jugando con la enorme maza de Hércules (maza en tanto arma de combate). mientras él, vestido como mujer, con las ropas de Onfalia, sus cabellos trenzados por esclavas, hilaba. Manejaba la rueca como experta hilandera. La diversión protagonizada por dos representantes óptimos de lo femenino y lo masculino tradicional, incorpora al ombligo en su dimensión erótica, actualmente soslayada pero reconocida en otros tiempos. Por ejemplo, el ombligo de la Sulamita, en el Cantar de los Cantares, provocó más de un dolor de cabeza a los religiosos que estudiaron la Biblia, ya que resultaba complicado explicar la perspectiva mística de un &#8220;ombligo, como cáliz redondo, al que nunca le falta licor&#8221;. Sobre todo si a esa descripción le preceden otras que se refieren a sus pechos como gemelos de gacela que se apacientan.</p>
<p>Los máximos exégetas cristianos (Juan de la Cruz y Juan Yepes y Alvarez y los traductores del texto -entre ellos Fray Luis de León-) o bien omitieron el ombligo o lo compararon con un vaso de luna que no está vacío sino lleno con vino templado y mezclado con agua. Fray Luis, refiriéndose al vientre de la Sulamita: &#8220;así es tu vientre, redondo, bien hecho, ni flojo ni flaco sino lleno de virtud, que nunca le falta.&#8221; ¿Qué comentarios le hubiera merecido esta variante a Salomón quien (se supone) fue el autor del Cantar de los Cantares?</p>
<p>El ombligo en tanto símbolo se incrusta en mitologías y religiones. Las culturas azteca y maya enraizan sus fuentes en esta simbólica: el nombre <em>México</em> deriva de <em>metzli</em>, la luna y de <em>xictli</em>, ombligo; México sería el lugar del <em>ombligo de la luna</em>. Su extensión etimológica: ciudad que emerge del agua, asocia la luna con un lago. (Tibon G., 1980). Ombligo, en este ejemplo, debe entenderse como centro cosmológico y no geográfico. Existen otras vertientes respecto del origen del nombre México pero la relación entre ombligo, cráteres, volcanes y flora de la región me conduce a privilegiar la etimología ya citada. La versión Mexicco (con doble c) se refiere a <em>ombligo del fuego</em> y se asocia con la presencia de volcanes y cráteres: el <em>ombligo de la tierra</em>se volvía <em>ombligo del fuego</em> (<em>tlalxicco </em>se tornaba <em>tlelxicco</em>) y su representación en forma de hogares circulares, encendidos con brasas, ardía en todas las casas de Tenochtitlán (pág. 323, op. cit.) El <em>Xitle</em>, volcán máximo del Valle de México, es denominado &#8220;el ombligo&#8221;. Acerca de él, Tibon escribe algo que se tornará significativo en este ensayo: &#8220;para quienes, por nuestra suerte, hemos asistido en pleno siglo XX al nacimiento de un volcán (los Paricútines nacían <em>como hongos</em>hace millones de años, cuando el hombre no había aparecido aún sobre la faz de la tierra) es fácil imaginar el día apocalíptico en el cual se abrió el cráter del Xitle&#8221; (pág. 322, op. cit.)</p>
<p>Los puntos solsticiales que mayas y aztecas representaban en las tallas y dibujos reproducidos en los Códices (de Fejérváry y de Florencia) señalan la presencia del ombligo en medio de los cuatro puntos cardinales indicando una quinta dirección y dibujado en forma de ojo. Diseño que permite interpretar la antiquísima costumbre en México de curar afecciones de los ojos con una infusión de ombligo. Quetzalcóatl se instaló en la región de <em>Xicco</em> (ombligo), donde los seres humanos podían vivir seis siglos y más; esa milagrosa condición se debía al sustento simbólico que llegaba a sus habitantes desde el emblemático ombligo que, en forma de cráter perfectamente circular, coronaba el volcán. El jeroglífico de Xicco no representa el ombligo visto por los adultos<strong> sino la visión del lado filial. Se observa la placenta tal como sería vista por el bebe, con el cordón que llega hasta el borde del jeroglífico y sobresale del círculo. No se dibuja el ombligo visible sino su ombligo (<em>xictli)</em> placentario, el que se vuelve a la tierra madre hecho humus pero que conserva un oculto lazo con la persona a la que perteneció en la vida prenatal</strong>&#8220;(pág. 348. (El subrayado me pertenece.)</p>
<p><strong>Los hombres y el ombligo</p>
<p></strong>¿Qué sucede cuando el género masculino debe hacerse cargo de que cada uno de sus representantes solamente puede provenir del parto de una mujer?&#8230; Hannah Arendt (1987), al introducir en la filosofía la categoría del nacimiento, complementando la idea del &#8220;ser para la muerte&#8221;, gozo permanente de las filosofías tradicionales, produce una alteración que demanda mayor análisis. Adriana Cavarero (1990) lo intenta a partir de su texto: &#8220;En su nacimiento, un hombre no reencuentra a su semejante (simile) en el lugar humano de venir al mundo. Justamente por esto pudo decidir -decidió- no evaluar la condición humana en la sexuación femenina del origen, de la cual su sexo está excluido y por eso volver la mirada hacia otra parte: (de lo que resulta que) el nacer de madre termina mostrándose como una aparición culpable, destinada a la desaparición, un nacer de la mujer que corre hacia la muerte&#8221;.</p>
<p>En diversas filosofías la desaparición del sujeto vivo se torna el motivo de sus reflexiones sustantivas y se tiende a un pensar descorporizado. La que Cavarero denomina &#8220;filosofía masculina de la muerte&#8221;, encontraría su opuesto complementario en la tesis de Arendt, quien propone nombrar, a partir del nacimiento, la diferencia sexual como principio de realidad, restituyendo al mundo su orden simbólico. Cavarero afirma que el <strong>atopos</strong> (no lugar) del género femenino en el discurso, comienza con la ausencia de la categoría de natalidad definida como fundamento ontológico de la factual existencia singular. En este caso, diferencia sexual significa que es el género femenino aquel del cual nacen sujetos de ambos sexos, lo cual produce efectos en la construcción del orden simbólico .</p>
<p>Tales efectos pueden rastrearse en algunos mitos y no sólo en las costumbres: en el primer nacimiento, Eva &#8220;nace&#8221; de Adán y a partir de allí la parición de la mujer ocupa un segundo lugar, como resultado de la maldición de Yahvé. Advirtamos que, asociado con una divinidad masculina, ese dios debió dar vida a sus criaturas utilizando técnicas artesanales: barro, agua y capacidad de alfarero.</p>
<p>No obstante, los apologistas del judaísmo y del cristianismo suponen -de acuerdo con el Génesis- que Yahvé había hecho más de un intento antes de crear a Eva, posterior a su experiencia con Lilith (que se fue del Paraíso dando un portazo y acusando a Adán de tener poca imaginación en las prácticas sexuales). Antes que ellas, la primera mujer habría sido confeccionada con deshechos y sedimentos y no con la misma tierra que se utilizó para formar a Adán pero una vez diseñada no sirvió para la realización del proyecto divino. La segunda fue compaginada delante de la mirada -suponemos que atónita- de Adán, ya que Dios fue mostrándole cómo amasaba carnes, tendones y vísceras, lo cual produjo el rechazo del varón. Por fin, Yahvé introdujo a Adán en un profundo sueño y entonces le practicó una costillectomía (una ablación de costilla), utilizándola para transformarla en una nueva mujer. Esta emergió ante un Adán sorprendido -seguramente agradecido- inaugurando el territorio de la <strong>diferencia original</strong>. Semejante y desconocida ella -a quien Adán otorgaría nombre, ya que no disponía aún de apellido-, Eva sería su par en el Edén. Esta es la versión reducida que sobrevive en el Génesis pero la historia de la Creación del Mundo y de Adán remite a los arcanos.</p>
<p><strong>El ombligo del sueño</p>
<p></strong>Freud se ocupaba de su sueño con Irma (1900).En nota a pie de página advirtió: &#8220;Todo sueño tiene por lo menos un lugar en el cual es insondable, un ombligo por el que se conecta con lo no conocido&#8221;. (Versión Etcheverry) Tiempo después lo reitera: &#8220;Aún en los sueños mejor interpretados es preciso, a menudo, dejar un lugar en sombras, porque en la interpretación se observa que desde ahí arranca una madeja de pensamientos oníricos que no se deja desenredar pero que tampoco ha hecho otras contribuciones al contenido del sueño. Entonces, ése es el ombligo del sueño, el lugar en el que él se asienta en lo no conocido&#8221;. Añade: &#8220;los pensamientos oníricos que surgen a raíz de la interpretación tienen que desbordar en todas direcciones dentro de la enmarañada red de nuestro mundo de pensamientos.&#8221; &#8220;Y desde el lugar más espeso de ese tejido se eleva luego el deseo del sueño, <strong>como el hongo de su micelio</strong>.&#8221; (El subrayado me pertenece)</p>
<p>La apelación al parto, a una función-madre y al nacimiento parecen obvias. Jean Guillaumin escribe: &#8221; No hay dudas sobre la significación genésica y maternal de esas formulaciones. Evocan un mito de nacimiento&#8221; (1979)</p>
<p>Guy Rosolato (1981) se ocupa de esta apreciación freudiana, centrando su interpretación en lo desconocido. Añade un comentario significativo: &#8220;(&#8230;) Podemos suponer, en una primera aprehensión, que, según su costumbre, el autor no libra todas sus asociaciones. Al final del capítulo II, lo confiesa sin rodeos&#8221;.</p>
<p>Freud no solamente no deja al descubierto todas sus asociaciones sino tampoco la totalidad de sus saberes y conocimientos: más adelante fundamentaré esta conjetura.</p>
<p>El análisis de Rosolato reitera la asociación ombligo-dormir-sueño (sommeil-rève) y señala &#8220;por su forma y por su ausencia de función corporal, el ombligo conviene a las representaciones fantasmáticas y a la puesta en juego de lo desconocido&#8221;. Añade: &#8220;participa de la simbólica del centro: contracción respecto de la periferia y punto de implantación del Arbol de la Vida (el árbol de Jesse), punto de llegada de las espirales, límite y flancos del abismo (&#8230;)&#8221; (Coincidencia con el ombligo como centro de la vida para los aztecas) Freud nos convoca a pensar en términos de &#8220;una simbólica umbilical que escapa a esta formulación&#8221;.</p>
<p>Denise Vasse (1977), manteniendo la interpretación ombligo-madre, si bien en otros niveles de análisis produce una tesis desde el tratamiento psicoanalítico con niños y niñas. En cambio surge alguna diferencia respecto del sentido de la expresión &#8220;no conocido&#8221;, en la traducción de Etcheverry, refiriéndose a <em>Unerkannte</em>, que otros autores, en otros idiomas traducen como <em>lo insondable</em> o <em>impenetrable</em>. Es Didier Anzieu quien, citando a Eva Rosenblum, subraya que Freud, en realidad, escribió <em>Unerkannten</em> &#8220;quizás porque ese término evoca la expresión bíblica &#8216;unirse a una mujer&#8217;&#8221;.</p>
<p>Esa expresión bíblica tiene una historia: Adán y Eva escucharon la prohibición divina que impedía probar los frutos del árbol del Conocimiento, del árbol del Bien y del Mal. Cuando la mujer vio que el fruto era bueno para comer y placentero a la vista, lo tomó y lo comió. Lo ofreció también a Adán y éste lo comió. A partir de aquí, el Génesis narra: &#8220;A ambos se les abrieron los ojos y se dieron cuenta de que estaban desnudos&#8221;&#8230;etc.</p>
<p>Terence McKenna (1994) no titubea en interpretar: &#8220;La historia del Génesis es la historia de una mujer que es señora de las plantas mágicas. Come y comparte los frutos (&#8230;) Observemos que &#8216;los ojos de ambos se abrieron y se dieron cuenta de que estaban desnudos&#8217;. En un nivel metafórico habían alcanzado una conciencia de si mismos como individuos y cada uno del otro como &#8216;Otro&#8217;. Por lo que el fruto del Arbol del Conocimiento les proporcionó agudas introspecciones (&#8230;)&#8221; Entonces sugiere: &#8220;Este misterioso fruto es el hongo que contiene<strong>psilocibina</strong> (<em>Stropharia cubensis)</em>&#8221; Tesis que no incluye la manzana y la sustituye por un hongo alucinógeno. No se comprende cómo el hongo habría de convertirse en el fruto de un árbol que, según la iconografía, es grande y posee una copa suntuosa pero la autora aclara que se trata <strong>de una metáfora</strong> que, por cierto, es aceptable.</p>
<p>T. McKenna firma que una amplia evidencia demuestra la importancia de la <em>Stropharia cubensis</em> o planta primigenia, <strong>nuestro cordón umbilical</strong>, con la mente femenina del planeta, refiriéndose la culto de la Gran Diosa. A través de la utilización de dicho hongo se obtenían tales conocimientos y sabiduría que, en aquellos tiempos, (15.000 antes de Cristo), los seres humanos lograban vivir en equilibrio entre ellos y con la naturaleza. Cuando se observan los dibujos de los botánicos, no caben dudas acerca del motivo por el cual se lo denomina cordón umbilical, ya que el tallo, coronado por su sombrero circular, tiene tiene una notoria semejanza con el botón de un ombligo, que aún mantiene el cordón.</p>
<p>¿A qué hongo se refería Freud?&#8230; Sobre todo si se tiene en cuenta que, curioso lector/a, quizá no ignorara que los hongos, según la religión a la cual pertenecieran (griega, egipcia), podían ser símbolo de lo masculino y de lo femenino, es decir, andróginos. La androginia también fue el planteo original de Platón cuando en el Symposium sugirió que, originalmente, los seres humanos habrían sido andróginos enrollados en forma de huevos o estrellas y finalmente separados.</p>
<p>Las teorías acerca de la bisexualidad (Fliess, Weininger, Freud) se nutren con la persistencia y regularidad de estos mitos pero no parece pertinente limitar la comprensión de la bisexualidad dentro de una perspectiva exclusivamente biológica sino como formando parte de un proceso que incluye actitudes. &#8220;La actitud (postura) ambivalente hacia el padre y la aspiración de objeto exclusivamente tierna hacia la madre caracterizan para el varoncito el contenido del complejo de Edipo. Es decir que el varoncito no posee sólo una actitud ambivalente hacia el padre y una elección tierna de objeto en favor de la madre sino que se comporta simultáneamente como una niña: muestra una actitud tierna hacia el padre y la correspondiente actitud hostil y celosa hacia la madre.&#8221; (Freud 1923)</p>
<p>El mito que refiere la creación de Adán y Eva no es el único acerca de los orígenes paradisíacos. Algunos autores proponen la androginia de Adán, de quien Dios habría separado a Eva, después de sumirlo en un profundo sueño. Si se admite que Adán fue creado a imagen y semejanza de Dios, este Dios también debía ser andrógino, hecho que no es reconocido por la literatura rabínica midrástica. Sin embargo, la androginia de Dios no sólo aparece en la Cábala sino en el hinduismo, desde otra visión religiosa.</p>
<p>Retornando a la creación en el Paraíso, convendrá tener en cuenta que Eva, semejante a Adán, se convierte en otra, es decir, capaz de alteridad (que implica trascendencia) (Giberti, 1994b) cuando, en ejercicio de su libertad y autoconciencia desobedece y come lo prohibido. A partir de este momento, ella es quien significa a su otro como tal, ya que, en un primer momento fue Adán quien al nominarla la<em>re-conoció</em> como otra. Lo cual aparece modificado cuando Yahvé subordina a la mujer al varón, culpabilizándola por su pretensión de conocer.<br />
<strong>Los ombligos de los soñantes</p>
<p></strong>Freud sostiene la existencia de una relación entre el dormir y el retorno al útero o vientre materno, equiparándolos. Recordemos que en todo embarazo se produce un rechazo químico del estímulo desordenante que es el embrión, a lo que habremos de añadir el trauma físico y mecánico del parto. Pero mantener la línea de pensamiento en los dos niveles biológicos no es lo que interesa: Freud incorpora el ombligo como símbolo dentro el fundamento de una tesis sobre lo onírico. Conocemos los riesgos de ceñirnos a las dimensiones somáticas para el análisis histórico, lo cual no excluye la consideración de la diferencia primordial que habrán de sustentar la mujer y el embrión durante ese primer momento: ella deberá sobrellevar dicha diferencia que actuará como estímulo en el interior de su cuerpo. La función reproductora no es necesariamente materna: los adoptivos conllevan en su cuerpo la memoria biológica que significa el corte del cordón y la mujer de la cual provienen no cumplió una función materna convencional, en tanto y en cuanto se desprendió de la responsabilidad que dicha criatura implicaba (Giberti, E. 1994a, 1981)</p>
<p>Si bien la asociación ombligo-madre forma parte del imaginario social y constituye una asociación que frecuentemente producen los sujetos de la cultura occidental, no pasa de ser una reducción de los datos biológicos y probablemente una proyección, ya que, por lo general, la mujer que reproduce es la que materna. Debido a ello, es probable que, al vincular parto con nacimiento (lo cual también es falso porque una cesárea es cirugía y un parir por extensión), se unifiquen simbólicamente ombligo (niño) con madre (parto). Sin duda el ombligo resulta del corte del cordón umbilical, derivación de la placenta, que es una pieza cuya presencia se debe a la colaboración entre el feto y la mujer. Al cortarlo, ¿qué proporción corresponde a cada uno? Duda que no surge habitualmente y que advierte acerca de los fenómenos cognitivos de omisión y condensación que se anudan en el <strong>ombligarse</strong>de la mujer y el niño.</p>
<p>Desde la estrictez biológica es pertinente hablar de la marca que se produce como efecto del pinzamiento o corte y el que se efectúa en el cordón umbilical, autorizando la separación del cuerpo del bebe y el cuerpo de la gestante que no es equiparable a sujeto maternante. Lo que se produce es una marca visible sobre el vientre del bebe, cuya cicatriz incluye restos del cordón umbilical, el cual ha sido formado merced a la contribución de la fisiología de la mujer y del feto. Hasta aquí un primer avance en términos de biología.</p>
<p>Psicoanalíticamente, el ombligo del sueño sería una manera del despertar interior al dormir, que persiste a oscuras, resistente, insondable, de donde arranca &#8220;una madeja de pensamientos oníricos que no se deja desenredar (&#8230;)&#8221; donde se asienta lo desconocido, dirá Freud. Pero en &#8220;algún momento de la interpretación del sueño, de la enmarañada red de nuestro mundo de pensamientos y desde el lugar más espeso de ese tejido, se eleva el deseo del sueño (&#8230;)&#8221;. O sea, el despertar que se produciría en el interior del sueño, sería el deseo del sueño, brotado como hongo de su micelio. Sería un despertar que no comprometería el continuar durmiendo del soñante, insondable para la interpretación, hasta que del tejido brotara el deseo (del sueño). Si existe un ombligo del sueño y, a partir de él, un fragmento de sueño que se desprende (la fantasía), entonces una/o se despertaría dentro del dormir a través de las fantasías oníricas que se plasman visualmente, sin dejar de dormir. Fantasías aportadas por las escenas que construyen el sueño (Maldavsky, 1994).</p>
<p>La significación que se otorga a un ombligo-lugar en sombras-de donde arranca una madeja (de pensamientos oníricos) que no-se-deja-desenredar-donde-se-asienta-lo-no-conocido, construye un discurso que se asemeja considerablemente a la descripción del <strong>continente dark</strong> al cual pertenece el género mujer, según la tesis freudiana. Tesis que incluye que<strong> la pulsión del dormir remite al útero como equivalente a madre: &#8220;Uno puede decir, con derecho, que al nacer se ha engendrado una pulsión de regresar a la vía intrauterina abandonada, una pulsión de dormir. El dormir es un regreso al seno materno&#8221;</strong> (Freud, 1938-1940).</p>
<p>La superposición entre el útero y la madre constituye un deslizamiento ideológico, ya que <em>útero</em> no es equivalente a <em>madre</em>, aunque pueda asimilarse a reproductora. Utero remite a <em>mujer</em>, la cual no es equiparable a <em>madre</em>. Este es un deslizamiento prototípico en la obra freudiana y en sus continuadores/as. <strong>Como si la fantasía y el deseo de retorno al útero -que probablemente incluya el anhelo de regresar a ese puerto de nostalgias interminables- pudiera confundirse con el útero como tal.</strong> O sea, <em>admitiendo el deseo, el anhelo, la fantasía de regresar a es lugar nirvánico que suponemos es el útero y que, tanto la víscera como aquello que lo rodea, sea denominado madre por el sujeto y vivenciado como tal por él, no autoriza que, quien analiza o estudia a ese sujeto, desde su práctica intelectual, considere que útero es equivalente a madre</em>. Uno es el deseo o la fantasía que ingresa en el circuito del análisis y admite la interpretación de lo que al sujeto le ocurre (deseo de retornar al útero, anhelo de &#8220;algo&#8221; tranquilizante-continente-madre, imaginada según esa necesidad); y otro nivel es el teórico, donde corresponde deslindar el contenido de la fantasía del durmiente, de la realidad donde transitan mujeres que portan útero pero que no necesariamente son madres o desean serlo. Un sujeto es aquel que sueña su deseo y emite su fantasía y otro es el analista que lo interpreta. (quizá no advierta hasta dónde puede estar incluyendo su propio deseo o sus convicciones acerca de la mujer, al equiparar útero con madre y mujer.)</p>
<p>En 1980 describí la transformación de mujer en madre por medio de la maniobra que convierte a la maternidad en algo &#8220;natural&#8221; y produje la ecuación mujer=madre=bondad (Giberti, 1980b), evidenciando el deslizamiento ideológico que implica proponerla. Dado que <em>útero</em> es una categoría asentada en la biología, no es posible trasladarse desde esa región ontológica a otra región ontológica, la axiología representada por <em>bondad.</em></p>
<p>Esta equiparación omite la existencia de una categoría más abarcativa: seres humanos, dentro de la cual encontramos las especies hombre y mujer y perteneciendo a esta última la instancia madre, que no alcanza para describir a la especie mujer, de la cual sólo es un aspecto. Este análisis, particularmente la ecuación, ha sido reproducido en distintas oportunidades, omitiendo citar su fuente o alterando la fecha de su aparición (1980). Descontando que se trata de confusiones que resultan de la circulación de conceptos entre quienes nos ocupamos del tema mujer, estimo propicia la oportunidad para esclarecer el dato bibliográfico, ya que al plantear las tesis de este trabajo, cuando me ocupo de la ecuación mujer-madre, no retomo la ponencia de otras autoras sino que me remito a la ecuación que originalmente propuse.</p>
<p>Los mismos imaginarios sociales que propician la equivalencia mujer-madre derivan en la asociación de mujer-misterio, lo desconocido, insondable. El deseo de retorno al útero conduce al interior de un sujeto femenino que adquiere las características sacralizadas de la maternidad y en tanto mujer, es perfilada por lo desconocido. No resulta evidente por qué ombligo, asociado con lo insondable y lo materno, pertenecerían al mismo circuito, sin que ello signifique oponerme a dicha enunciación, ya <strong>que es posible presumir que así ocurre como fenómeno universal</strong> (ver el ombligo y México), sin que ello pueda evadirse del canon de las conjeturas que no carecen de valor heurístico.</p>
<p>Pero relevo que no encuentro la fundamentación de dicha insondabilidad, como no sea la proyección de cada sujeto.</p>
<p>Es posible avanzar en otros territorios que, sin haber sido explicitados por Freud, son sugerentes.</p>
<p>1) el ombligo del sueño no se limitará a postular la existencia de un nudo del cual podrá aflorar el deseo del sueño sino</p>
<p>2) convoca a un sujeto mujer que teñirá, a través de su producción parcial la vida del sujeto producido, quien portará esa memoria-mujer en su cuerpo. Introduce &#8220;lo insondable&#8221; en ese otro/a (filial o no).</p>
<p>Quizá a través del dormir y aún del soñar, compartimos un ombligo del sueño que</p>
<p>3) nos unifica a hombres y mujeres:</p>
<p>4) despertar resucitaría la diferencia. El ombligo del sueño permite imaginar la existencia de una unidad anterior a la diversidad y a la diferencia en lo simbólico, como efecto de las sucesivas complejizaciones de los procesos psíquicos (¿la androginia primordial?). Tal vez partimos de dicha unidad (la holofrase de Lacan) y el cordón de plata de los herméticos, a través del cual estaríamos unidos al cosmos.</p>
<p>El ombligo, cuyo diseño laberíntico pareciera conducir hacia el interior de una misma, desemboca en un sin-salida y autoriza a asociarlo con lo que no se puede ver en el interior del cuerpo propio o de otra persona. No resulta extraña su asociación con cavidad, sombras, reposo, dormir. Pero al mismo tiempo &#8220;podría leerse como el ojo del origen&#8221; (Escardó V.,1994) que, -aunque ciego por ser carne muerta- es la réplica de un registro obtenido en el interior del cuerpo de la mujer, cuando la placenta era zona de ingreso del cordón umbilical, vivo,<em>pulsante</em>, antes de tornarse cicatriz (Giberti, 1980b). (El encomillado reproduce una frase de mi hija, nacida de parto vertical). Aquí inicio otra lectura del texto freudiano e inauguro otros interrogantes; hasta el momento trabajé partiendo de una <em>lógica visual</em> que permite representarnos el ombligo y facilita la metáfora de centro del cuerpo, del mundo según lo que se puede mirar y ver.</p>
<p><strong></strong><strong>El parto en vertical: un latido inefable</strong>.</p>
<p>Merced al sillón de parto (Giberti, 1971) las mujeres podemos parir sentadas, mirando lo que ocurre en el área perineal de nuestro cuerpo. Toda la fuerza al periné y los ojos se entreabren para ver cómo, desde nuestro interior, brota la cabecita húmeda del bebe, esforzándose a la par. Una mínima maniobra del obstetra para rotar el pequeño hombro que avanza hacia afuera y entonces nos hacemos cargo nosotras: tomamos al hijo/a que ha comenzado a nacer y suavemente lo/a deslizamos hacia el exterior, viéndolo/a emigrar. Levantamos la criatura a la altura de nuestros ojos, inclinadas sobre ella y ya separadas se produce el trance inefable: el cordón, aún sin cortar, <strong>late</strong>, manteniéndonos unidas cuando ya se produjo la separación; diferentes y la misma en tanto y cuanto el cordón mantiene al bebe unido a la placenta, aún endometrial. El pulsar del cordón testimonia el adiós entre la mujer y la <strong>criatura aún sin ombligo</strong>, existencia preumbilical donde persiste un ensueño aún sin llanto, gemido que advendrá segundos después.</p>
<p>Un tubo-cordón preanuncia el ombligo, previo al nudo que habrá de consagrarlo, mientras el bebe continúa respirando por pulmón ajeno. La situación reproduce la lógica circulatoria del embarazo, una lógica elemental previa al corte el cordón</p>
<p><strong>Ombligo y enajenación</p>
<p></strong>En lo que hace a identidad, el ombligo no es ni el padre ni la madre sino la imbricación de ambos. Es el resto que queda de la lucha entre la identidad (del hijo) y la diferencia entre los padres. Cuando Freud habla del ombligo del sueño, aparentemente, no toma en cuenta la diferencia de género y propone una lectura gnoseológica y lógica correspondiente a ese momento de su teoría pero introduce su visión metafísica y antropológica de &#8220;lo mujer&#8221;, al utilizarlo como metáfora del retorno al cuerpo materno. Si recordamos las figuras del amo y el esclavo (discutidas por le feminismo y los estudios de género) mientas crea, el esclavo es libre para hacerlo. Una vez que produjo la creación y la entregó quien dispondrá de ella es el amo; esa producción queda enajenada, mientas la mujer vuelve a instalarse en la posición de un singular fáctico de un universal descalificado La perspectiva del ombligo conceptualizado como resto-producto no deja de tentarme; el ombligo imprime la enajenación de la mujer y de su producto, que llevará el apellido de padre, garante del linaje. El niño se convierte en mercancía (valor de cambio, tal como se advierte en divorcios, adopciones), dada la tensión amo/esclavo. El ombligo-producto-resto aparece ideológicamente subsumido a través del poder de quienes ocuparon -ocupan- el lugar del amo. Que si es varón no produce ombligos.</p>
<p>No fue gratuita mi apelación al marxismo y al estructuralismo en el primer párrafo, ya que, conjuntamente con el psicoanálisis, se ocuparon de lo no dicho en el decir. También plantearon la construcción de un sujeto paradojal, escindido, que oponiéndose a las concepciones del positivismo, recupera el pensamiento mítico y su eficacia en la construcción de subjetividades. Son teorías que se ocupan de las creencias a través de las que se ideologizan y libidinizan conceptos; promovieron la desilusión de paradigmas tranquilizantes y reiteradamente se hicieron cargo de la caída de lo que ellas mismas habían entronizado, sabiéndose teorías develadoras.</p>
<p>Eso sí: siempre y cuando se sostuvieran los ordenamientos sustentados por el logos &#8220;masculinamente serio&#8221;, al decir de Miguel Hernández. Logos que hace huella umbilical en nuestras modalidades cognoscitivas. Más allá de la marca umbilical, que puede ser fuente de inspiración, el género mujer tiene un quehacer ético pendiente con el psicoanálisis. Quehacer que incluye el estudio de los misterios y de lo desconocido. Y también la aceptación del no-saber y de no poder explicarlo todo. Respetando la necesidad (¿política?) de quienes insisten en aureolarnos con el enigma.<br />
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<p></span></p>
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		<title>La discriminación de la mujer en América Latina</title>
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		<pubDate>Thu, 06 May 2010 15:31:19 +0000</pubDate>
		<dc:creator>diego</dc:creator>
				<category><![CDATA[Género]]></category>

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		<description><![CDATA[Este articulo sintetiza el capítulo del mismo nombre que forma parte del libro DISCRIMINACION Y RACISMO EN AMERICA LATINA, compilacion a cargo de  I.Klich y M.Rapoport, editado por el grupo Editor Latinoamericano. Previamente fue presentado en el Panel del  Seminario Internacional que se ocupó de Discriminación y Racismo en América Latina, preparado por el Instituto [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Este articulo sintetiza el capítulo del mismo nombre que forma parte del libro DISCRIMINACION Y RACISMO EN AMERICA LATINA, compilacion a cargo de  I.Klich y M.Rapoport, editado por el grupo Editor Latinoamericano.<br />
<span id="more-2206"></span><br />
Previamente fue presentado en el Panel del  Seminario Internacional que se ocupó de Discriminación y Racismo en América Latina, preparado por el Instituto de Investigaciones de Historia Económica y Social de la Facultad de Ciencias Económica de la Universidad de Buenos Aires, en 1994<br />
Fue necesario que los organismos internacionales, Naciones Unidas, Unesco y OEA, a partir de 1975, advirtieran acerca de la discriminación de la mujer para que los gobiernos de distintos países comenzaran a escuchar los reclamos que los movimientos de liberación habían iniciado a mediados del Siglo XIX. Fue preciso propiciar el Decenio de la Mujer que, iniciado en 1975, convocó a su reunión de clausura en Nairobi en 1985 y redactar, en 1979, la <strong>Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer</strong> (Ginebra) para que el mundo comprendiese que la Declaración Internacional de los Derechos Humanos precisaba refinar sus concepciones: las evidencias mundiales acerca de la discriminación contra el género mujer ponen de manifiesto que el hecho de ser humanas no les garantiza el disfrute de esos derechos.</p>
<p>Las mujeres son consideradas humanas en abstracto o en gramática , cuando se las incluye en el sustantivo &#8220;individuo&#8221; puesto que, en tratándose de tortura, coerción, abuso sexual, hambre y privación económica, las mujeres de todo el mundo son sometidas en forma<strong>sistemática</strong>, por el hecho de ser mujeres.</p>
<p>(…) (…)El documento CAUCUS de Mujeres, elaborado por representantes de 23 países, reunidos en Nueva York, preparando su participación para esta Reunión Cumbre afirma: &#8220;Las mujeres, especialmente las del Tercer Mundo y las de color, no sólo hemos sido las víctimas de políticas que exacerban los problemas de la violencia y la pobreza y la segregación: los hemos enfrentado y dentro de ese proceso hemos mostrado caminos hacia el desarrollo humano sustentable&#8221;.</p>
<p>Y del documento redactado por las ONG de América Latina y el Caribe, reunido en septiembre de 1994 en Mar del Plata, preparatorio para el Encuentro de 1995 en Beiging, resalto dos puntos para esta presentación:</p>
<p>1) &#8220;si bien se debe explicar la violencia de género en términos de las relaciones jerárquicas entre hombre y mujer, no se debe simplificar la problemática (&#8230;). Es fundamental analizar los factores catalizadores que inducen al comportamiento violento, entre los que figura la creciente tolerancia a una cultura de violencia en la región.</p>
<p>2) Se recomienda que las leyes destinadas a erradicar la violencia contra la mujer reflejen la realidad de quiénes son los agresores y quiénes las víctimas y tengan en cuenta para aplicarlas, los recursos existentes y <strong>las actitudes sexistas de los ejecutantes de las mismas</strong>.&#8221;</p>
<p>Hizo falta que Unesco creara los Estudios de la Mujer como postgrado académico para que las Universidades de distintos países incorporaran el tema en sus curricula.</p>
<p>Hasta aquí una introducción para situar el tema <strong>discriminación contra la mujer</strong> en un contexto internacional.</p>
<p>Una de las versiones del concepto de género -actualmente discutido pero que incluyo para unificar criterios al respecto- es el que se refiere a &#8220;la construcción cultural del sexo biológico: cada uno se define por oposición al otro; en este caso la diferencia biológica da lugar a una desigualdad social&#8221;. &#8220;El resultado de esta construcción es una asimetría estructurada para acceder a los recursos, lo cual genera privilegios y dominación masculina y subordinación femenina, universalizándose la asimetría en los valores culturales y en la importancia asignada a cada género&#8221;.</p>
<p>Actualmente no partimos de una idea que plantee un mecanismo único y privilegiado de discriminación de las mujeres, localizable en distintas tareas, ya sea en el trabajo extradoméstico, la familia, etc. sino que nos referimos a los mecanismos sociales por medio de los cuales la categoría mujer es producida e inserta en procesos históricos.</p>
<p>O sea, interesa analizar desde qué perspectivas se produce, cotidianamente, la categoría mujer; para ello es preciso reconocer la importancia concreta y simbólica que se otorga al rol materno en desmedro de otros posicionamientos posibles para las mujeres y que resultan sobredeterminados por ese privilegio de lo maternante, al situar a la mujer en la posición incanjeable de la reproducción y la domesticidad. De este modo las <strong>diferencias</strong> entre los géneros conducen a una <strong>división sexual</strong> que desemboca en la discriminación de las mujeres, como si el nerviosismo, la histeria, la estupidez, la frivolidad y otras caracterizaciones pudiesen considerarse inevitables y naturales del género.(…)<br />
Distingo entre <strong>violencia y discriminación</strong>: entiendo que la discriminación es una categoría de la violencia, lo cual constituye un proceso más abarcativo. La discriminación no busca la aniquilación del discriminado, como sucedió con las violencias genocidas, la discriminación en el tema que me ocupa <strong>precisa la explotación del discriminado</strong> y especialmente, busca encontrar el placer que produce posicionarse en el lugar del poder del que dispone quien discrimina.(…)</p>
<p>Quien discrimina es quien dispone de la posibilidad de imponer órdenes, ya sea a través de la legitimación o legalización de las mismas o de su ejecución. La discriminación define quiénes serán las excluidas de determinados lugares o posibilidades y genera una burocracia de la discriminación, que es la que se pone en marcha cuando, desde el ejercicio del poder, se decide que las mujeres no podrán asumir cargos gerenciales o no serán nombradas como profesoras titulares en las universidades. O no ocuparán la función pública o no dispondrán de oportunidades en los partidos políticos. <strong>La discriminación forma parte de las violencias simbólicas</strong>(al decir de P. Bordieu), intentando imponer una supuesta racionalidad que explica la limitación de aquellos/as a quienes se define como inferiores o incapaces.</p>
<p>(…)La discriminación puede tener características expulsivas, produciendo la huida o emigración de determinadas etnias o de los judíos pero no logra imponerse de ese modo respecto del género mujer, ya que el género mujer constituye el 52% de la población mundial. Y porque, además, no somos sustituibles por otra instancia humana, como los judíos o los negros pueden ser sustituidos por otras personas. Es decir, <strong>se trata de una diferencia entre una discriminación sexuada y otra de índole étnica o cultural.</strong></p>
<p>La que sobrellevamos es una índole de discriminación que <strong>genera espacios vedados para las mujeres latinoamericanas</strong>, que se diferencian de nuestras congéneres del Primer Mundo por múltiples razones, una de ellas la falta de conciencia acerca de la igualdad de oportunidades y por el peligro de ceñir sus vidas a la resignación propuesta por las políticas de la pobreza y de las prepotencias<strong>patriarcales</strong>.<br />
(…)Las mujeres latinoamericanas fuimos discriminadas dada nuestra condición de género y por pertenecer a un área del Tercer Mundo, empezando por los procedimientos utilizados por los españoles durante la conquista (1492 en adelante). (…)</p>
<p>El papel preponderante de la religión católica marcó el posicionamiento de las mujeres no sólo como madre sino como servidora del varón: así lo hizo desde los tiempos de la conquista y de este modo se mantuvo a lo largo de los siglos, más allá de las modificaciones que las vanguardias del catolicismo intenten promover. La castidad, la sumisión al varón y la obediencia constituyeron ordenadores fundantes en la construcción de la subjetividad femenina y mantienen su eficacia, salvando las excepciones promovidas en algunos segmentos culturales .</p>
<p>América Latina convertida en proveedora de materias primas, de productos naturales no renovables que en poca y ninguna medida logran desarrollar industrias, incorpora el trabajo de las mujeres como mano de obra no calificada, fenómeno que persiste al mismo tiempo que, al limitar o impedir su acceso a la educación, las coloca en situación de inermidad para defender sus derechos, o a aspirar a posiciones de mayor rango. Mientras así continua sucediendo, en los países centrales los movimientos organizados por las mujeres fueron logrando legislaciones prometedoras.</p>
<p>(…)El trabajo realizado por las mujeres fuera del hogar, también resulta invisible para las estadísticas, ya se trate de trabajadoras en áreas rurales o urbanas. Así se desprende de los censos de población realizados entre 1970 y 1980, que indican el subregistro de las trabajadoras . También se define la discriminación a través de las ocupaciones denominadas femeninas: enfermeras, maestras, secretarias, empleadas de servicio doméstico, es decir, profesiones y ocupaciones subcalificadas.</p>
<p>La discriminación en el área trabajo también se reconoce en los diferentes salarios, más bajos para las mujeres, aunque realicen el mismo trabajo que los hombres, lo cual es violatorio de la legislación imperante en la mayoría de los países de la región pero es un fenómeno incorporado en el imaginario social como un hecho natural . Podemos enriquecer esta somera enunciación advirtiendo otro fenómeno: cuando se busca trabajo, innumerables avisos que así lo solicitan demandan &#8220;señoritas de buena presencia&#8221;, lo que en algunos países implica la discriminación de la mujer aborigen .</p>
<p>(…)Quiero finalizar con una advertencia metodológica: el planteo original de los movimientos de liberación y de los estudios de género debieron centrarse en las denuncias acerca de la subordinación y la opresión, que no es la misma que sobrelleva el obrero explotado,<strong>quien al volver a su casa subordina o explota a su mujer</strong> . No podemos hablar de una total pasividad del género, manteniéndose exclusivamente en ese papel sino que, en distintas instancias, las mujeres produjimos movimientos, reclamos, demandas destinadas a resistir las políticas discriminatorias(…)</p>
<p>En América Latina hemos avanzado en lo referente a nuestra participación en los foros internacionales: nos hacemos escuchar para que la igualdad de oportunidades superen su condición retórica y se constituyan en realidad. Hemos avanzado en las alianzas con hombres lúcidos y en la creación de espacios de poder político(…) Y también debemos enfrentarnos con quienes insisten en que la categoría de humano o de Hombre, como un universal, es abarcativo del género mujer, porque parece que no advirtieran que, el solo hecho de universalizar a través de un género: el Hombre, implica un sexismo indubitable.</p>
<p>Del mismo modo, &#8220;lo humano&#8221;, sin desagregar la especificidad de los problemas del género mujer, es sólo una declaración destinada a invisibilizar los efectos de los abusos sobre las mujeres. Estos fenómenos en América Latina forman parte de una trama que se alimenta de la pobreza y de la condición de Tercer Mundo desde donde se espera que hombres y mujeres continúen entrenándose en ser violentados o en padecer discriminaciones. A pesar de lo cual, pacíficamente, tozudamente, políticamente, el género mujer denuncia, construye y propone nuevas políticas, destinadas a desactivar la discriminación.</p>
<p></span></p>
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		<title>Mesa redonda Mujer y moral: enfoques actuales</title>
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		<pubDate>Thu, 06 May 2010 15:30:50 +0000</pubDate>
		<dc:creator>diego</dc:creator>
				<category><![CDATA[Género]]></category>

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			<content:encoded><![CDATA[<p>Universidad de Buenos Aires &#8211; II Jornadas Nacionales de Etica &#8211; Agosto de 1987<br />
<span id="more-2204"></span></p>
<p>Dentro del ámbito de la moral es posible plantear varios niveles de análisis, tres de ellos podrían ser: el de los paradigmas, el de las creencias y el de los valores.</p>
<p>Heredamos -y aún se promueve- el paradigma que afirma la inferioridad de la mujer (me refiero a género mujer), así como hace siglos se promovió la teoría de la mujer como &#8220;aquello que no tenía alma&#8221;.</p>
<p>Esta afirmación, complementada con la tesis de la &#8220;mujer histérica, frívola o madre abnegada&#8221;, sólo se mantiene si cuenta, como base, con una creencia fuerte que la sostenga y que precisa insistir en la inferioridad femenina. Actualmente el paradigma entró en crisis debido al resquebrajamiento de esta creencia, fisurada por la evidencia que aportan las capacidades del género mujer, ahora desarrolladas en distintas áreas.</p>
<p>Sin embargo, las creencias no se modifican total y velozmente, de allí que, a pesar de las nuevas actividades desarrolladas por las mujeres, el imaginario social (poblado por creencias, mitos prejuicios y tabúes) insista en que la maternidad es la realización máxima de la mujer.</p>
<p>Afirmación a la que se añade que es así por tratarse de un hecho natural; la llamada ciencia sería la encargada de demostrar, apoyándose en la naturaleza, que la tarea privilegiada de la mujer -o exclusiva- es la maternidad, dada la existencia de útero, lo cual también incluirá su capacidad de sacrificio, abnegación, bondad y sus derivados, la servidumbre al marido y a la limpieza del hogar.</p>
<p>En este ejemplo se advierte cómo una creencia popular: mujer igual madre, deriva en mujer servidora del varón y al mismo tiempo impregna varios modelos pretendidamente científicos. De modo que, a través de los científicos, las teorías reproducen creencias populares; quienes así proceden no se ocupan de analizar la categoría mujer desde variables pertinentes.</p>
<p>Históricamente, las mujeres no fuimos consideradas personas sino el negativo del varón: El sería un &#8220;alguien&#8221; mientras nosotras apenas seríamos un &#8220;algo&#8221;. Debido a los avances de las distintas formas de racionalidad , el discurso unívoco que permitió que el mundo se dividiera en &#8220;alguien(es)&#8221; y &#8220;algo(s)&#8221; se fracturó, quebrándose ese modelo original acerca del hombre y de la mujer. Ese &#8220;algo&#8221; (la mujer) deja de ser unívocamente colocado en el lugar el objeto para ser trasladada al lugar del sujeto; pero recordemos que el discurso del sujeto fue siempre un discurso masculino.</p>
<p>Distintas razones (históricas, económicas, psicológicas) facilitaron la subordinación de la mujer a este modelo masculino y cuando se comenzó a producir este pasaje y la transformación del &#8220;algo&#8221; en &#8220;alguien&#8221; se evidenció una PARADOJA. Porque el género mujer, al ingresar en el género humano que, paradigmáticamente, se veía como unívocamente masculino, planteó el conflicto, el nuevo discurso; porque antes el hombre era dios y nosotras éramos &#8220;algo&#8221; (como objeto); pero al ingresar en el mundo como &#8220;alguien(es)&#8221; se produjo el desorden respecto del modelo convencional.</p>
<p>Se generó una combinatoria de paradojas y creencias: por un lado una creencia en ruinas, la que se refiere a nuestra inferioridad (dicho de modo reduccionista y desestimando los fenómenos socio, geopolíticos y culturales) y, por otro lado, una creencia que no logra imponerse (lo que Kuhn llamaría una anomalía). El paradigma acerca de nuestra inferioridad hace agua, no se soporta ya la teoría que justifique nuestra servidumbre a varón: la teoría ya no puede dar cuenta de la creencia ; ya no hay teoría que se sostenga como tal si insiste en nuestra exclusión de la vida civil y política o en nuestra inferioridad o en la dedicación exclusiva a la maternidad.</p>
<p>Desembocamos entonces en el límite de la PARADOJA : somos alguien respecto de &#8220;alguien&#8221; que sólo nos aceptaba como &#8220;algos&#8221;. Esta es una vertiente de la paradoja; otra sería la referente al tiempo y dificultades que nos lleva a asumir que somos esas &#8220;alguien(es)&#8221;, moviéndonos entre modelos tradicionales, dogmáticos y una nueva legalidad, transgresora de aquella legalidad estricta, representada por las teorías esencialistas, biologistas, etc.</p>
<p>Esta segunda parte de la paradoja, que reclama mucho más tiempo y espacio para su desarrollo, cuenta con una dimensión particular: durante siglos se nos enseñó que &#8220;las cosas son así&#8221; y que, por ello, debemos comportarnos -moralmente- de tal o cual modo. Pues bien: nosotras hemos incorporado la función lógica del &#8220;y&#8221;, contrapuesta al &#8220;que&#8221;. Preguntamos: &#8220;¿y por qué somos inferiores?&#8230;&#8221; La función del &#8220;y&#8221; intercepta, perturba la afirmación unívoca del &#8220;que&#8221;. Ese &#8220;que&#8221;, el cual afirma: &#8220;Esto es así&#8221; corresponde a un sistema teórico cerrado, completo. Nosotras preguntamos &#8220;¿y por qué?&#8230;&#8221;</p>
<p>Entonces se nos responde : &#8220;porque es así&#8221;, y nosotras : &#8220;a mí no me convence; ¿y si fuera de otro modo?&#8221; Entonces la afirmación &#8220;es así&#8221;, empieza a tambalear cuando interrogamos: &#8220;¿y qué quisiste decir con eso de la inferioridad de la mujer?&#8230;&#8221; No nos interesa fundamentalmente lo que nos respondan sino la inclusión de nuestra duda y nuestro escepticismo. Es la caída del que, la caída adánica del Paraíso cuando Eva, ante la invitación de la serpiente, que le ofrecía el fruto prohibido, se preguntó: &#8220;-¿y por qué no me la voy a comer?&#8230;&#8221; Desde entonces, El Mal era y sigue siendo deseo vinculado al &#8220;y&#8221; cuestionador.</p>
<p>Mi planteo no es planteo inverso al del varón sino que intento ocupar el lugar de ese &#8220;alguien&#8221;, lo cual implica cambio de creencias, de valores, de moral. De este modo, no solamente nos desujetamos del proceso de enajenación sino que al mostrarle al varón que, por habernos convertido en &#8220;algo&#8221; siendo nosotras también un &#8220;alguien&#8221;, ellos mismos se enajenaron; de forma tal que quien nos convertía en &#8220;algo&#8221;, creyéndose él solo un &#8220;alguien&#8221; terminaba convirtiéndose en algo de otro &#8220;algo&#8221;.</p>
<p>Yo no querría mantenerlo formulado en estos términos tan fascinantes del lenguaje filosófico y psicológico. Porque esa distinción entre hombres y mujeres tuvo -y tiene- como resultados políticas de esclavitud, explotación, subordinación y discriminación del género mujer que actualmente padecemos, a pesar de los avances que diariamente comprobamos y compartimos con el género masculino.</p>
<p></span></p>
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